sábado, 30 de agosto de 2014

Reincidente


Te espero, silenciosa, tras el velo de expectación que anuncia cada encuentro. Poderosa, seductora, dejando al viento suspiros y veletas. Acude hambrienta el alma, dispuesta a devorar los sabores ya probados. Muerdes el tiempo que se escapa, haciendo presa mis labios calientes, en las comisuras desabrochadas de mi boca. Tibia la cama, se agrietan los sentidos.
Se adormece el ángel de alas blancas, y arde la noche endiablada. Otra vez se encadena el deseo en mis muñecas. Lamen mis tobillos lenguas de fuego. Tu imaginación gime, mi verdad jadea. Prometo no volver a caer, mas la piel protesta, y la memoria es viva. Yo, aún sedienta, disimulo.
Tú sonríes.
Siempre cedo.



2 comentarios:

  1. Absolutamente impresionante. Apabullante. Tu mejor versión en el territorio que sabes manejar de manera magistral: el de los sentimientos y las emociones, el del corazón desbocado.
    De una extrema belleza, tanto en el fondo como en la preciosa forma de expresarlo.
    Y tremendamente afortunado quien sea capaz de inspirar tamaño derroche de hermosura.

    ResponderEliminar
  2. Estoy de acuerdo con el comentario anterior. Cuando escribes en tu terreno es imposible mantenerse indiferente. La imagen se ajusta muy bien a la historia; y esta encaja a la perfección con las emociones que intentas provocar. La cuestión es: Tal y como lo planteas, ¿quién no reincidiría?. Delicioso relato, María.

    ResponderEliminar