martes, 25 de agosto de 2015

Carta del Prior de San Martín de Tours, en Frómista del Camino, a su Abad del Monasterio de San Zoilo, en Carrión de los Condes




Mi muy querido reverendo Padre Bernardo:

Como bien sabéis, son duros los tiempos que corren en nuestro pequeño Priorato de San Martín y, lejos mi intención de importunaros con demanda alguna, he de informaros que la sopa de ajo que constituye nuestra dieta ha empezado a tornar las caras de mis monjes en el susodicho ingrediente. Por esta razón, como prior de este convento, me dirijo a vuestra paternidad en solicitud de consentimiento para lo que confío mejorará algo más que nuestra circulación sanguínea. Ya que de vos depende el bienestar de esta comunidad, siempre atenta a la fiel observancia de los dictados que desde su monasterio nos llegan, ruego le dediquéis unos minutos a ponderar esta idea nacida del ingenio, pues el hambre obliga.
Hemos tenido noticia de los acontecimientos ocurridos hace unos días en la Abadía de San Isidoro de León. Relatan que dos viajeros jacobeos, asombrados por la muchedumbre de peregrinos que esperaban en la Puerta del Perdón, se mofaron de aquellos que buscaban ser absueltos de sus pecados cruzando el umbral. Dispuestos a demostrar la ineficacia redentora de este acto, osaron pasar desprovistos de toda espiritualidad. Semejante sacrilegio ocasionó un hecho fantástico, generando estupor en quienes lo presenciaron. Parece ser que las cabezas de león y de oso del tímpano, que mostraban una actitud pacífica tal y como Maese Esteban las esculpió, giraron el cuello con fiereza emitiendo atroces rugidos. Según tengo entendido, llevan días los fieles ante la fachada, orando para deshacer tal encantamiento y conseguir que ambas figuras retornen a su forma original, sin éxito alguno.
He de deciros, reverendo Padre Abad, que en un principio la historia me pareció uno de tantos cuentos del Camino que traspasan nuestros muros, pero he podido averiguar que, desde ese día, las visitas al lugar se han multiplicado, no tanto por el perdón que ansían alcanzar los peregrinos, como por la infinita curiosidad de quienes llegan hasta allí, aumentando con ello los donativos recibidos.
Pues bien, llegados a este punto, os traslado sin demora mi ruego, que no es otro que mudar la entrada a nuestra iglesia desde el lado oeste al lado norte. Decidido a emprender una campaña contra la precariedad que nos azota, me propongo incrementar, tal como en San Isidoro, el interés por nuestro templo. Bien sabéis que el pórtico principal carece de todo ornato, mas este otro que os indico goza de dos flamantes capiteles bien nutridos de peculiares figuras. Tal es así, que el de la derecha, que muestra una alegoría de la lujuria y la avaricia, bien podría servirnos para nuestro plan.
Entienda V.P. que no pretendo llamar a engaño a ningún feligrés, pero ya os hago partícipe de que el hermano Saturio se embelesa en la contemplación de estos dos pecados capitales y, si bien el avaro aún no ha cambiado su postura, la mujer cuyos senos son mordidos por dos serpientes empieza a cruzar miradas obscenas con nuestro fraile. No sabría decir si tal alucinación es fruto del ayuno forzado, o de un fenómeno tan extraño como el leonés, pero puedo aseverar que ha corrido la voz por el pueblo, y ya son doce los paisanos que se sientan junto a él cada tarde esperando participar de esta visión. Por tal razón, considere vuestra paternidad la conveniencia de aprovechar de manera inmediata la confluencia de todos estos acontecimientos, y modificar con celeridad el acceso a San Martín.

Vuestro fiel Fray Everardo.



Ganador del III Concurso “Románico Digital” de la Fundación Santa María la Real del Patrimonio Histórico.

martes, 18 de agosto de 2015

Sombras



Apenas sanan con finos velos
de caricias apuradas
las grietas que tu ausencia
abre en mi piel.
La promesa de un beso furtivo
se desliza en el destiempo,
donde esperas tú.
Siempre tú.
Un latido constante de esperanza.
La mano serena,
la voz quebrada,
un vuelo rasante,
y en el mismo filo del abismo, el alma.
Profundizan en la herida
las horas sin amaneceres,
las noches mudas sin palabras.

domingo, 2 de agosto de 2015

Aforismo


        La indiferencia es irreversible: si dejas que talen un árbol de tu bosque, podrás regalarle un puente al río, pero ya no recuperarás su paisaje.


Seleccionado y publicado en la Antología de Aforismos, de Ediciones de Letras.