miércoles, 7 de diciembre de 2016

Salto mortal

          


     A veces la llaman ausencia cuando quieren decir muerte. Muerte de mí, en ratos pequeños, de palabras desgastadas en el libro más sabio y más profundo de mi memoria. Y muerte de ti, en la inmensidad de esta vida, de las horas que se caen a pedazos esperando tu regreso.
La llaman ausencia, y en verdad es silencio. Besos enmudecidos porque no hay labios tibios que estallen, ni lenguas que chasqueen en medio del deseo. Recuerdo nuestras bocas, y tu aliento, y las mariposas en el estómago; ese lugar donde ahora solo anidan crisálidas de seres inertes, en el que ya no vive nadie.
Volvemos vencidos a un mundo tejido en sedas suaves, intactas, tan distintas de las telas rasgadas de nuestra piel. Tan piel. Tan nuestra.
Y más heridas, y más hondo el miedo a perderte, y más certeza cuando ya es un hecho consumado.
La llaman ausencia, y solo es renuncia a las tardes de sofá y manta inventados, a las noches de sábanas y sexo, a tu cuerpo, a tu alma, a todo tú y a toda yo.
Bajamos la mirada para no ver los sueños encadenados al aire, en eslabones sin promesas. Y cerramos los ojos, y escogemos la ceguera, y nos dejamos caer. Una y otra vez. Me sujetas por la blusa, y me agarras de las manos que tan bien conoces. Yo me aferro a tu abrazo invisible, y lloramos, y nos rebelamos. Y de nuevo el precipicio; ese lugar oscuro donde no llega tu voz.
La llaman ausencia, cuando su nombre es desamor. La mortífera sombra que nos envenena el futuro mientras nos encogemos de hombros. Y nos dejamos ir, poco a poco, en bruscos golpes de viento. Y cedemos al destino, y permitimos que la soledad nos lacere el corazón, y estamos sin estar, y amamos sin amar.
A veces la llaman ausencia cuando quieren decir muerte. La tuya. La mía.

4 comentarios:

  1. Un poema de belleza y sensibilidad extrema, donde el dolor y el amor se entremezclan a partes iguales. A veces se pierde uno al cruzar la delgada línea que separa el paisaje y las emociones. Muy hermoso, María.

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  2. "La llaman ausencia, cuando su nombre es desamor. La mortífera sombra que nos envenena el futuro mientras nos encogemos de hombros. Y nos dejamos ir, poco a poco, en bruscos golpes de viento. Y cedemos al destino, y permitimos que la soledad nos lacere el corazón, y estamos sin estar, y amamos sin amar". Definición sobrecogedora para la vida que elegimos a veces. Felicidades, María, nunca dejas indiferente.

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