martes, 27 de abril de 2021

Mula de carga

 


Regresaba siempre a casa acompañada de su dueño. Después de todo un día de trabajo, se arrellanaba junto al hogar para buscar descanso. Él le acariciaba el pelo castaño y encrespado, y murmuraba: «La existencia es sacrificio».

Juana miraba la lumbre, tragaba su dolor y soñaba con ser la protagonista de su propia vida.

Por eso, aquella noche decidió entregarlo a él en ofrenda mientras dormía. Porque las mujeres como ella no entendían de metáforas, pero sí de matar a degüello al cerdo que tocara.


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