sábado, 8 de octubre de 2016

Cuento para no dormir


Cuando me encontraste estaba perdida, y tú andabas hambriento. Te arrancaste la piel de cordero para mostrar tu naturaleza feroz. Yo dejé caer la capa que me cubría, y saciaste ese voraz apetito. Ya nadie puede salvarnos. Los lobos siempre son la condena de muchachas inocentes. Como yo.

lunes, 5 de septiembre de 2016

El autor olvidado

        
                                     

No habrá luces este año iluminando el cielo de septiembre. La negra noche del treinta y seis se acompaña de los silbidos del miedo que ensordece las calles. Las bombas no saben de artificios de fiesta, ni de barquillos, ni de risas infantiles. Se mantienen mudos Los Redondeles, testigos del escaso tránsito del ganado que se malvende.
Refugiado en la obligada oscuridad del hogar, al calor de unas tenues velas, el pintor contempla su obra. Los colores estallan feroces en contraste con la vida, en un cartel de feria condenado al olvido. Entre las sonrisas de las mujeres, vestidas de la tierra, ha dibujado la de su esposa mientras acuna a su hijo. Solo es un hombre deseando mostrar su mayor dicha a una ciudad que se fragmenta ante sus ojos.

Ella lo abraza y le besa. No necesita más verdad que la que él le ha enseñado con sus pinceles, y la que la Virgen de Los Llanos le ha hecho saber: que verán a su retoño acompañándola en procesión en el futuro. Será el día en que Albacete resurja de sus cenizas.

Relato finalista en el IV Certamen Literario "Sucedió en la feria", del Club de Escritura de la Biblioteca de Albacete.

martes, 30 de agosto de 2016

Cambios de ciclo

     



        En el solsticio de verano, la tierra virgen de las laderas se hunde bajo los pies de los nómadas. Desde antaño, habían acudido a este valle para recoger el agua del deshielo que llenaba el enorme lago. De regreso a sus lugares de origen, vertían el líquido sagrado en sus mares y ríos, llevando prosperidad. Tal era el influjo sobrenatural de su pureza, que el tiempo jamás detuvo semejante campaña.
De norte a sur, y de este a oeste, los descendientes de esta fe vuelven cada año al inicio del estío. Bautizan a sus hijos al amparo de la luna, preñan de luz los vientres de sus mujeres, y los ancianos preparan sus espíritus para cruzar el umbral de la vida. Pero un olor distinto inunda la atmósfera al inicio del ritual. A media noche, beben del codiciado fluido, y se estremecen de espanto. El dulzor que esperaban descubrir ha tornado en un sabor salado. Unos culpan a la pólvora que flota en el aire del nuevo mundo. Otros observan los vestigios de las últimas nubes llegadas de la costa.
Saben que fueron portadoras de malas noticias la pasada primavera, cuando trajeron todas aquellas lágrimas desde el Mediterráneo. 

Finalista en el V Concurso de Microrrelatos “Leonardo Barriada” de la Asociación Félix de Martino, de Soto de Sajambre (León).

sábado, 23 de julio de 2016

La fama



En el principio de los tiempos estaba ella, inspirando cada pincelada de luz. Minúsculos instantes de naranja al amanecer, que se transformaban en rojo al calor de las confidencias. Él se desposeía de cada partícula de sí mismo, y le entregaba fantasía en sus cuadros. Aquellos sueños, proyectados en sus obras, eran el vínculo indeleble de su amor. Ella podía leerle en los trazos de su fragilidad y en los tonos difuminados de sus miedos.
Pero los brillantes colores de su talento rompieron los vidrios de las ventanas, y volaron más allá de su pequeño universo. El mundo también se prendó de sus creaciones y quiso devorar las emociones dormidas en su paleta. La fortuna fue una tentación para su ego, y cada halago robó una caricia. La multitud lo elevó tan alto que apenas podía escucharla.
Cuando el peso de la soledad despertó la nostalgia, fue a buscarla para enseñarle su última pintura: la tristeza gris de su alma en un autorretrato. Demasiado tarde. Donde todos contemplaban la intimidad del autor, ella solo veía la imagen de la vanidad. Él se había vuelto invisible.

miércoles, 25 de mayo de 2016

Recuerdos de ojal


           Con su regalo, descubrí que la vida cabe en una pequeña lata de golosinas. Aquellos caramelos habían sido sustituidos por una suerte de botones, de distintos tamaños y formas, que mamá había conservado con esmero. Los azules de mi uniforme escolar, los de madera de mi trenca favorita, los redondos y nacarados de mi vestido de novia...
Atrás quedaron las tardes de labores en casa, llenas de confidencias y  puntadas. Pero, a pesar de que nunca más volví a armarme de aguja e hilo, encontré en aquel set de costura trocitos de un pasado que me devolvían al hogar cuando los ponía sobre mi mano. 

martes, 17 de mayo de 2016

Delete


Pediste más espacio entre tú y yo.
Tú.                                                         Yo.
Al parecer, no di en la tecla que querías.

lunes, 16 de mayo de 2016

Donde tú estés


         Mi cuerpo oscila sobre las olas, y dibuja sombras imposibles bajo la luna. Las algas, gusanos de caricias acuosas, acunan mi desmemoria en un constante vaivén. Me siento como un delfín entregado al juego de las mareas en alguna vida anterior, en otro mar. Mas la brisa nocturna es fría y me hace estremecer. Este no es mi lugar; me desconozco. Mi pesada naturaleza insiste en sumergirse para hallar refugio; un hogar sin olor a sal, sin estrellas en el cielo.
El abrazo del océano hunde el miedo lentamente, y regreso a una ingravidez familiar, a mi primer silencio, a mi esencia última. Soy un pez perdido en un cruel descenso. A cada bocanada, una punzada salvaje me arranca recuerdos a jirones, sensaciones que me llaman desde la luz. Me resisto a subir. No puedo... no quiero.
Solo entonces descubro mi humanidad, mis piernas inmóviles, mis manos vacías aferrando la nada en mi regazo. Al apretar mis párpados veo de nuevo la barcaza naufragar. No encuentro a mi niño. Araño feroz el muro de agua que me aplasta, y solo me devuelve la inmensidad de mi pérdida. Vencida, me rindo a las profundidades en busca de mi pequeña criatura abisal.

sábado, 7 de mayo de 2016

Felicidad innata


        En algunos orfanatos los bebés no lloran. Los niños descubren rápido que sus lágrimas no serán atendidas, y un silencio estremecedor inunda la sala de cunas. Lo sorprendente es que, cuando alguien acude a buscarlos, el rostro se les ilumina. Nadie sabe cómo aprendieron a sonreír.