jueves, 11 de noviembre de 2021

El juego de la oca

 


En mi niñez, el tablero se desplegaba ante mis ojos como un mapa. Cada vez que tiraba mis dados, emprendía un viaje de aventuras volando a lomos de enormes aves que me hacían ir veloz.

―Lo importante es el camino, no el destino ―decía papá ante mi euforia en la última casilla.

Al crecer, aunque la vida me dio refugio en alguna posada, no imaginé el tiempo que pasaría en aquella cárcel sin candado ni esposas, perdido en mi propio laberinto. Por eso, cuando caí en el pozo, creí que nunca escaparía.

Pero hay metas que solo se alcanzan apostando en equipo. Lo supe al ver a mi padre llegar con el viejo juego bajo el brazo, dispuesto a terminar conmigo la partida.


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