miércoles, 3 de noviembre de 2021

La larga siesta de mi princesa

 


El día del accidente, las manecillas se desplomaron en tu reloj de pulsera para marcar eternas las seis y media. Y el tiempo, con su obscena crueldad, ha seguido avanzando impasible. Até cada aguja que encontré al instante señalado con los lazos de tu pelo, y he dejado encerrado en tu dormitorio infantil al pájaro cuco, que, desconcertado, ya no puede cantar las horas en punto. Hoy he intentado subir hasta la torre del ayuntamiento para silenciar el carillón que devora los minutos que no controlo, pero tu padre me lo ha impedido.

Yo le he gritado que, aunque me cueste la vida, mantendré intactos tus sueños donde los dejaste dormidos.

Hasta que consigas despertar.


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