Se desliza el alma en la húmeda espesura, en el juego del tiempo muerto y la mente esquiva. Entra en este jardín secreto, de caminos y veredas dormidas. Este es el lugar donde trepan los sueños y se enredan los silencios de madreselvas y orquídeas. Ven al jardín de las mil palabras y la lengua muda; en su fresca penumbra te espero, sueño y vivo.
Cada día riego con esmero las margaritas que hay bajo la encina del
jardín. Ahora todo está más luminoso, más vivo. Ya hace dos semanas que las
sembré; tal vez sea el momento de decirle a los vecinos que hoy Antonio no ha
vuelto a casa para la cena.
No hay comentarios:
Publicar un comentario