lunes, 16 de mayo de 2022

Ogresa


Creyeron que solo existía en los libros, que su silueta era alargada como el filo de un sable y que se alimentaba de las cosechas que arrasaba a su paso. Pero la noche que entró aplastando los cercados del pueblo, descubrieron su insaciable apetito y su especial predilección por los niños. Los arrancaba de casa, y aguardaba a que el olvido consumiera sus cortas historias infantiles. El día que Olek consiguió escapar de sus garras, después de contemplar de cerca su feo rostro, gritó con todas sus fuerzas: «¡Te odio, Guerra!».

Aunque, para entonces, el monstruo ya había devorado amigos y juguetes.


Microrrelato para Esta Noche Te Cuento.

 

sábado, 7 de mayo de 2022

Las mareas de Galileo



El influjo de la luna transforma los océanos y obsesiona a Miguel, que no cesa de descubrir constelaciones en la espalda de Sofía. Ahora miden el tiempo en pulsos. Alguien antes que él encontró el reloj perfecto en el latido del corazón.

Y, mientras en las noches de solsticio sigue creyendo que todo cuanto hace girar el universo es fruto del amor, las leyes de la física se abren paso en su cuerpo en un movimiento rectilíneo uniformemente acelerado.


Microrrelato para Esta Noche Te Cuento.


 

miércoles, 30 de marzo de 2022

Polaridad


Cada milenio, con el crujido seco de una nuez, se abren las puertas del inframundo para poner sobre la faz de la tierra a uno de sus ángeles caídos. El objeto de tan inexorable ritual es volver a recuperar las perversas artes de las tinieblas, habilidad que han descuidado por pasar demasiado tiempo acomodados entre almas condenadas.

El forastero de alas negras hace rato que deambula, dispuesto a soplar el susurro invisible de la violencia sobre humanos vulnerables; sin embargo, antes siquiera de alcanzarlos, percibe que la ira ya inundaba el suelo bajo sus pies. Lejos de desalentarse, busca resquicios de maldad sin colonizar, y amanece sobre un moderno rascacielos de oficinas deseando nutrir de tentaciones la enorme incubadora de pecado.

En un batir de alas infernal, agita envidias y ambiciones sobre sus cabezas, pero en aquella atmósfera saturada no queda espacio para una sola vileza más.

Desconcertado recorre el camino de vuelta para dar la voz de alarma, sin percatarse de que su temor ha hecho crecer una descarada pluma blanca sobre su espalda, fastidiando su regreso. Atrapado y sin trabajo, empieza a plantearse que, dadas las circunstancias, como ángel de la guarda tal vez tenga mejor futuro.

Microrrelato  para Esta Noche Te Cuento.

 

lunes, 14 de febrero de 2022

Deshielo


Con los primeros silencios llegó un frío inusual que empañó todos los espejos de la casa. Y, aunque ya no consigue ver su propio rostro reflejado en ellos, aún puede seguir la estela de vaho que dejan las palabras de él por el salón. La indiferencia hace crecer cada mañana una gruesa capa de nieve sobre la que es difícil caminar al despertar. Pero ella, que mantiene encendido su fuego interior, va abriendo caminos que le permiten alcanzarle al llegar la noche.

Hoy las caricias se han helado sobre sus cuerpos, abriendo grietas en la piel y anunciando nuevas tormentas. Y, mientras él asegura que puede vivir en ese iglú que han fabricado, ella derrite con rabia las últimas lágrimas escarchadas.


Microrrelato invernal para Esta Noche Te Cuento.

martes, 25 de enero de 2022

Cinco sentidos


 

La mirada oscila de nuevo

borracha en el deseo,

y queda flotando,

casi a la deriva,

hasta que la vuelves a sostener,

cálida y tendenciosa,

cada vez más nuestra,

menos esquiva.

 

Alcanzamos a desnudar

los parpadeos con disimulo,

entre el tornasol avellana

de tu intención

y el oleaje verde

de mis mareas.

 

Así me observas cuando

rindo mis ojos a tu pensamiento,

y anclo mis pupilas a la perversa

llamada de este hechizo.

Te veo,  fugaz e incierto.

Me ves, intuyendo tu naufragio.

 

La piel habla,

en frases cortas

de manos frías

y palabras aladas.

La espera agónica

de la métrica en descenso,

y la distancia rota.

 

El hambre en los gestos,

vivos y punzantes,

para intentar

prender el fuego

y el cuerpo a cuerpo.

 

Tocada y hundida

la lucha en los dedos,

que se sabe inútil

y rinde sumisa

la línea del cuello,

y el tacto de tu sonrisa

en mis yemas.

 

Y el anhelo de tocar el cielo

en la curva de tu boca.

Me sientes en ondas concéntricas 

vibrar en tus sueños,

sediento, amarrado a mi pelo.

Eso quiero.

 

El instinto desprende

el tramposo perfume

de un juego.

Un olor tibio y dulzón

que aturde la conciencia

y gana la partida.

 

El aroma de la tentación

dormitando en tu cabello,

donde dejo un suspiro paciente

y callo un susurro varado,

confiando en que vengas

a despertarlo.

 

Ya huele a ti mi memoria,

y el estímulo febril

que despierta tanta voracidad.

Eres tú quien tatúa

sin esfuerzo mi voluntad,

el lugar prohibido

que estimula mi nariz

y anuncia tormentas afrutadas.


Gime invisible una súplica

en tu oído para quebrar

la postura de este lado,

en el embrujo de tu voz

pronunciando mi nombre.

Muere al instante el miedo

y nace un placer secreto.

 

Te escucho anudar

el día a la noche,

donde recita el diablo

sus lecciones,

e invento tramposa

cómo tornarme en promesa.

La que deseas oír.

 

Un canto de sirenas

que anestesie tus células

y te agite con mis palabras.

En esa cadencia sutil

que te invita a perderte

en mí, en mi caos.


La respiración contenida

al borde de un abismo,

y mi mente enredada en tu lengua,

antes incluso que la certeza.

 

Tienta el sabor

de un mordisco en deshielo,

y fundirnos en negro.

Ya me tienes.

Arde en los labios

un beso en espera.

jueves, 6 de enero de 2022

Siempre juntos




Cada año mi familia escoge un lugar distinto de la casa para la cena de Nochebuena. Papá dice que así las nostalgias no pueden encontrarnos cuando deciden regresar. Esta vez nos reunimos en el invernadero; la decoración natural ha creado una atmósfera muy festiva y hemos abierto el tragaluz para tener bien ventilado el improvisado comedor.

El champán hace hipar al tío Miguel, y de repente deja escapar de su boca una pompa dorada y luminosa que al estallar nos trae el recuerdo de la risa de su esposa. La abuela le da una palmadita de consuelo en el hombro, justo cuando una inquieta luciérnaga se posa en su nariz y la hace estornudar. Su brillo es tan suave y cálido que enseguida reconocemos al abuelo.

Ya estamos casi listos para bendecir la mesa; solo aguardamos la señal de mamá. Ella observa el cielo que se abre sobre nuestras cabezas y, al fin, una estrella fulgurante y blanca aparece en el firmamento iluminando nuestros rostros. Yo saludo a Martina con la mano, como cada noche, y mamá sonríe y murmura: «Ya estamos todos».

Entonces agarro su mano y la de papá con fuerza y nos preparamos para celebrar la Navidad.


sábado, 13 de noviembre de 2021

En los espejos

 


El musical sonido de tus dedos sobre la máquina de escribir me iba a volver loco. Por eso cambié la vieja Olivetti por un silencioso ordenador. He puesto tus libros favoritos en las estanterías más bajas para que no se destrocen cuando vuelan hacia el suelo; y ahora tomo aquellas pastillas con sabor a manzana para dormir cada noche. Es agotador escucharte trabajar a todas horas.

Prometí que te cuidaría hasta el final de mis días, igual que supe que serías escritora para siempre. No entendí aquella frase que me dijiste entonces: «El espíritu de un escritor nunca deja de crear». Y yo, tres meses después, busco tu reflejo por cada rincón de nuestra casa y sigo adorando a tu fantasma.


jueves, 11 de noviembre de 2021

El juego de la oca

 


En mi niñez, el tablero se desplegaba ante mis ojos como un mapa. Cada vez que tiraba mis dados, emprendía un viaje de aventuras volando a lomos de enormes aves que me hacían ir veloz.

―Lo importante es el camino, no el destino ―decía papá ante mi euforia en la última casilla.

Al crecer, aunque la vida me dio refugio en alguna posada, no imaginé el tiempo que pasaría en aquella cárcel sin candado ni esposas, perdido en mi propio laberinto. Por eso, cuando caí en el pozo, creí que nunca escaparía.

Pero hay metas que solo se alcanzan apostando en equipo. Lo supe al ver a mi padre llegar con el viejo juego bajo el brazo, dispuesto a terminar conmigo la partida.