lunes, 16 de julio de 2018

El primer encuentro



La puerta que abre los recuerdos de la infancia no entiende de generaciones. Al mirar por el hueco de la cerradura, podremos contemplar las risas de los niños, intactas al paso del tiempo, y los mismos juguetes dormidos en los dinteles.
Pero, venid, asomaos. Si observáis a través del oxidado ojo, encontraréis que hoy la chiquillería anda revuelta. Cuatro amigos cumplen castigo en la biblioteca del convento por robar naranjas a los monjes. El prior les ha impuesto la tarea de ordenar alfabéticamente las obras.
Si nos acercamos, los descubriremos en pleno proceso creativo. El más espabilado ha trasladado un tomo al suelo, debajo de la ventana. Los demás lo miran extrañados, aunque en seguida entienden el juego. Estratégicamente van amontonando libros, e improvisan una sólida escalera hacia su libertad. ¡Mirad cómo corren! Estos pillastres no han aprendido nada.
Pero... un momento. ¿Qué esconde el pelirrojo bajo la blusa? ¡Vaya! Parece que no está todo perdido. Un dragón sobre una página debió haber llamado su atención. Con el brillo de la curiosidad en los ojos, espera que nadie se percate de que ha tomado prestado el último «escalón».
¿No es increíble presenciar cómo las letras escogen a un pequeño lector?

miércoles, 4 de julio de 2018

Almas ajenas


Ellos no entienden la sed, ni el dolor de mi piel herida por el sol.
Gritan que su playa no me pertenece; que no podré alcanzar tierra firme. 
Llevo horas observando mis pies descalzos sobre el eterno bamboleo del mar. 
Hoy no me reconozco en los ojos de aquellos que creía de mi misma especie.
Quizás padre no mentía en sus cuentos infantiles, y yo sea una sirena. 
Tal vez solo tenga que saltar.  


martes, 26 de junio de 2018

Biografía



Vendo alma libre encuadernada en piel egipcia.
Se trata de una obra inmaterial con grabados originales, indelebles al paso del tiempo.
Todos los elementos que la componen se han respetado desde su nacimiento. El interior está poblado de historias frágiles, por lo que su extrema sensibilidad requiere de manos expertas en el noble arte de la restauración.
Una pieza tentadora para quien guste del reto de transformarla. Su estado, algo deteriorado, necesita nuevas puntadas en superficie; las costuras profundas se mantienen intactas uniendo los secretos que un lector de libros imposibles sabrá interpretar. Lamentablemente no se garantiza la recuperación de las zonas perdidas de este ejemplar.
Deseo desprenderme de ella por razones sentimentales, siendo condición sine qua non una entrevista personal con el interesado en comprarla.
Abstenerse diablos y coleccionistas.


Texto seleccionado para la Antología del VI Premio de Microrrelatos Colectivo Manuel J. Peláez.


sábado, 9 de junio de 2018

_UERTE





Deseó que fuera una ese, para ganar la partida al destino por una vez en la vida.  O una efe, y así soportar estoicamente la lluvia de collejas e insultos que solían empaparlo en el parque cada día. Pero la letra correcta resultó ser una eme, y todos se mofaron de su torpeza. 
Completó el sustantivo con el dedo en el suelo de arena, y escaló hasta lo alto de un castaño. El chasquido del cinturón y el ligero bamboleo de su cuerpo en el aire dieron por concluido el pasatiempo. Ninguno de aquellos niños volvería a jugar al ahorcado.

domingo, 3 de junio de 2018

Costuras


       
      A sabiendas de que nadie me observa, ensayo mi cara de domingo frente al espejo. Los arcos de mis cejas dibujan dos paréntesis en retirada; no consiguen aclarar esta mirada perdida. La culpa es de la fugaz imagen de tu beso al despertar, que se ha quedado prendida bajo mis párpados. Con un leve pestañeo cae en el lavabo y es arrastrada por un chorro de agua fría. Por un momento he recordado la sed que me provoca tu cercanía, y mis mejillas se han arrebolado.
Con la vista puesta en mi rostro, busco el fino hilo que borda las comisuras de mis labios y, suavemente, tiro de él hasta encontrar el equilibrio de una sonrisa perfecta; la anudo fuerte a nuestros días de sofá y manta, a los paseos por la playa, a las rutinas de hogar y sábanas empapadas. Estrenando la primera sonrisa del día, me giro despacio sobre mis talones para mostrarle al mundo mi feliz semblante.
Pero entonces recuerdo que me dejaste hace dos días, y la daga afilada de tu abandono descose con brusquedad los hilvanes. Y de nuevo aparece esa oscura mueca de infinita tristeza que me desbarata la estudiada pose.


viernes, 20 de abril de 2018

Medidas desesperadas



Metió la dinamita en un libro, y encendió la mecha. Al explotar, las letras cayeron formando más palabras. La inspiración llegaría.
Por las buenas o por las malas, sería escritora.


Ganador del I Certamen de Microrrelatos «Villacañas 3 minutos», del Ayuntamiento de Villacañas (Toledo), en la categoría Sueños. 

domingo, 11 de marzo de 2018

Nostalgia acústica



En el actual edificio del Rectorado los ecos de ultratumba rebotan por las paredes de mosaico, sea de día o de noche. Los que pasean por la imponente construcción mudéjar no atinan a descifrar las extrañas cacofonías que se escuchan intramuros. Pero ya nadie se inquieta por tan singular fenómeno, pues es sabido que el ruido de los vivos siempre termina ahogando cualquier vestigio del pasado en medio de la frenética actividad. 
Hoy, con la curiosidad y la nostalgia llenando mis bolsillos, observo en silencio el reloj de la fachada y, como si una mano invisible hiciera girar sus agujas, regreso veinte años atrás, hasta el último curso que cerró la historia de este lugar como la Facultad de Veterinaria con más solera del mundo.
Aunque los naranjos de la entrada siguen impertérritos al paso del tiempo, todo parece haber cambiado en el interior, como si la pátina que cubre todo lo antiguo hubiera desaparecido con la pulcra capa de la modernidad. Se ha disipado el olor a formol y desinfectante que impregnaba las batas blancas en el bullicioso ir y venir de los estudiantes, aunque, al cerrar los ojos, aún se escuchan chirriar las viejas puertas de madera de las aulas.
En el patio trasero un par de vacas, tan viejas como el establo, mugen resignadas al trasiego de alumnos inexpertos. O lo hacían, pues, con las emociones a flor de piel, los sonidos parecen retornar al espacio que una vez ocuparon. Al abrir los ojos el aire se percibe más espeso, y a la densa atmósfera se unen los golpes de unos cascos al trote sobre el mármol blanco. Como si uno de los jinetes del Apocalipsis hubiera perdido su montura, un caballo de sospechosa tonalidad deja ver su recio esqueleto bajo capas de lacerada musculatura. Tras él otro jamelgo, tan hinchado y verde como un gigantesco globo infantil, se lanza al galope desde el viejo Departamento de Anatomía. Aún recuerdo el día en que decidió explotar en la sala de autopsias bajo el bisturí de aquel aprendiz temerario. Nadie más parece verlos campar a sus anchas, aunque sus relinchos hacen menear la cabeza del bedel, que se sacude la extraña contaminación acústica abriendo los ventanales.
Un grupo de ranas, algo chamuscadas, huye del que fue el antiguo laboratorio de Fisiología. Las descabezadas saltan de lado a lado frente a la puerta del Rector, bastante desorientadas y, en su croar, acompañan a las que quedaron indultadas en aquel barreño y terminaron muertas de aburrimiento como ya anunciaba algún alumno con ganas de enchufarles la corriente.
Las ovejas, que tenían su aprisco en uno de los descampados del exterior, pastorean en los jardines del nuevo parque infantil. Desde la ventana del primer piso puedo verlas en su ingravidez; igual que las descubren un puñado de chiquillos que corren tras ellas imitando sus balidos. Las madres se miran desconcertadas intentando entender el extraño juego de sus criaturas, que ríen y saltan tras figuras invisibles.
Con los sentidos de nuevo atentos al encuentro con otra época, camino intrigada por el corredor principal de la primera planta, donde un grupo de asistentes a la Universidad de Mayores conversa animadamente. Su manoteo al aire me resulta extraño hasta que, al aproximarme, descubro el zumbido persistente de un ejército de moscas espectrales. Sonrío al comprobar que los minúsculos insectos alados, que consiguieron aparearse hasta el infinito en entregados experimentos genéticos, lograron salir de sus tarros y volar hacia la luz, aunque esta provenga del tímido haz que se filtra por los cristales.
Siguen aquí. Todos ellos. Los espíritus olvidados de los seres que habitaron este lugar e ilustraron mi aprendizaje. Se resisten a marchar, igual que mis recuerdos. Y como esa alma en pena del eterno estudiante que envejeció en la Facultad más sabio que el Decano, y rondaba a las niñas como el tuno más veterano de todos los tiempos. Los cambios de la Historia lo dejaron atrapado en este lugar, no mucho más fantasma de lo que ya lo fue en vida.

miércoles, 31 de enero de 2018

La tela de araña




La letra de una canción se hilvana como una telaraña invisible bajo los dedos de la compositora. Así es como ella suele crear: teje palabras que vibran al tocar el aire e imprime en ellas un mensaje inolvidable. Su obra tiene la resistencia suficiente para soportar la fuerza de una tormenta eléctrica. 
Sabe que, cuando él coja la guitarra y lance su voz al vacío, se convertirá en un pararrayos humano. Recibirá la corriente de mil voces coreando sus temas en mitad de un concierto, y la batería arrancará truenos que harán saltar chispas en el auditorio. Antes de que cese la música, los insistentes acordes habrán empapado los sentidos como un mantra, y todos habrán caído en su tela. 
En este mundo, las arañas saben encender tormentas en las masas. No importa el paso del tiempo ni el lugar donde se genere el primer relámpago. Hoy no hay veneno más adictivo que los ritmos que encienden la red.