martes, 9 de enero de 2018

Cazadores de libros


Cuando el vagón se cerró, descubrí aquel ejemplar abandonado sobre el asiento. Tenía las cicatrices de los libros audaces que anhelan ser cazados y en su interior, como el preámbulo de una aventura, se leían los nombres de quienes habían hecho suya aquella historia de corsarios y galeones. Esas firmas cambiaron su naturaleza muerta, pues, sumergido en el primer capítulo, una enorme ola me arrastró hasta mi parada, a cuatro mareas de distancia. Cada día, al traspasar el umbral de la estación, el tiempo se detenía en mis manos, cómplice de infinitas travesías marítimas.
Cuando la última página me devolvió a la realidad, de mis bolsillos aún salía arena, que hizo difícil la búsqueda de un lápiz con el que dejar mi huella sobre el papel. Y, como quien se desprende de un tesoro, volví a darle alas en el mismo lugar donde lo encontré.
No tardé en comprobar que el libro había sido presa fácil para una cazadora avispada. Lo supe al cruzarme con aquella chica que, desorientada, caminaba por el andén empapada de mar.

lunes, 8 de enero de 2018

Si me buscas




Recoges las frases desprendidas de mis dedos, cuando el suspiro que las dejó caer se desvanece.
No sabes que antes de ser hojas de este jardín fueron versos, y besos, y el misterio de quien soy.
Me intuyes en las letras enredadas del silencio, antes de que griten mi secreto, el que sueñas deshacer en mi boca y en mis manos.
Invisible me sujetas en el aire, a destiempo de lugares y relojes, de candados y de llaves despojada.
Te anhelo así, hambriento de mi ser infinito, en la sombra que proyectas al leerme, en la repentina luz de tu sonrisa, que sin ver mis ojos ya sabe desnudarme el alma. 
Huye, pues hoy siembro para ti palabras. Cierra la verja al salir, que intangible es la tentación, y siempre es más lo que murmura tu deseo. Y la explosión incesante de mis pensamientos, esa, nunca es menos. 



domingo, 7 de enero de 2018

Orígenes


Madre suele decir que mi piel es como el ébano, oscura y brillante, igual que las noches de su infancia. Las mías siempre fueron azules y boreales, acunadas por el aire del Norte. No conozco ese mundo que mis padres dibujan en sus pupilas, pero me cuentan que el Siroco empezó a soplar en casa cuando nací. Desde ese día, esperan pacientes a que el murmullo del Sur me traiga las preguntas que nunca hice.
Anoche soñé con un sol inmenso y caliente; escuché el eco de sonidos nuevos, que guiaron mis pies hasta el salón. Allí estaba padre, contemplando una vieja caja de madera. Sus recuerdos dormitaban en cuatro compartimentos. Me mostró la resistencia del hombre ante la adversidad, concentrada en la arena del desierto; la eternidad, latente en un puñado de semillas de baobab; y susurró palabras en su idioma natal, acompañadas del tintineo de un pequeño instrumento. El cuarto hueco no contenía nada. Ese espacio era el vacío que deja la tierra madre cuando no consigues regresar.
Supe entonces que era el momento de iniciar mi viaje.

viernes, 5 de enero de 2018

«TEAmo»


Hoy tampoco le acompaño hasta el andén. Aunque está nervioso, no parece asustado con el parpadeo de las luces, ni con las conversaciones a su alrededor; hemos practicado mucho. No quiere volver a pedirme que le lleve al instituto en coche.
La llegada del metro le produce vértigo y se tapa los oídos. Ahora es cuando deja de ser invisible. La gente le observa extrañada. Él retrocede.
―¡Hola, Nacho!
Es Ana, la compañera de la que siempre habla. Le tiende la mano y le mira a los ojos. 
―Ven conmigo ―le anima.
Solo necesitaba que alguien pudiera verle. 
Reto conseguido. 

jueves, 4 de enero de 2018

miércoles, 3 de enero de 2018

Rapsodia


      Todos los poemas que me escribiste sobre el papel se derramaron sobre mi piel cuando al fin nos encontramos. Pero fue el vibrato sostenido de un verso el que nos hizo danzar. 

lunes, 1 de enero de 2018

De herencias y musas


       Cuando la noche lograba sobornar al silencio de nuestra casa, se ablandaban las baldosas del pasillo. Entonces solía caminar a hurtadillas hasta el dormitorio de mi madre, donde la observaba suspirar frente a su cuaderno. En aquel preciso lugar, como el secreto mejor guardado, era testigo de un acontecimiento sobrenatural: unos minúsculos seres luminosos surgían de entre sus cabellos como chispas, salían disparados en giros imposibles e iluminaban toda la habitación. En ese instante, su rostro adquiría una peculiar tonalidad dorada y, con una inusual energía, comenzaba a componer sin descanso sus historias.
Yo permanecía escondida hasta que el brillante espectáculo iba apagando su fulgor y, vencida por el cansancio, regresaba a mi cama con el pensamiento lleno de sueños y fantasías nuevas.
Pero no fue hasta que aquella noche apoyé mi cabeza sobre mi almohada, cuando percibí el parpadeo de una de esas criaturas atrapada entre mis rizos.
Nunca se lo conté a nadie, pero a la mañana siguiente amanecí con mi primer verso escrito sobre la palma de mi mano.

sábado, 9 de diciembre de 2017

Nostalgia de vida


            Desde hace un rato el lugar huele distinto. Tal vez a pan recién hecho o a talco con aroma de rosas. Siguen su rastro entre las violetas y los crisantemos. Finalmente, las almas en pena encuentran el origen. Un niño se ha colado en el cementerio.