domingo, 16 de septiembre de 2018

Odio las bicicletas

        


       Un globo azul trataba de esquivar la multitud sobre la acera. Finalmente consiguió doblar la primera esquina y, tras él, en una inesperada carrera multicolor, le fueron siguiendo tres globos rojos, dos naranjas y uno morado. La chica estaba sentada en uno de los bancos de la plaza, en la parte trasera de la catedral, y observaba sorprendida cómo aquel colorido grupo ascendía vertiginosamente en dirección al cielo. Pensó que tal vez era una señal. El preámbulo de un día emocionante y feliz. No importaba si él llegaba algo tarde a la cita. Estaba segura de que aparecería.    
Treinta minutos después miró el reloj para comprobar la hora. El retraso había devorado el tiempo cortés de espera y empezaba a tragarse una tras otra sus expectativas. Volvió a contemplar el azul de aquella soleada mañana y observó que ya no quedaba ni rastro de esos falsos mensajeros de colores. Debía haberle pedido el teléfono cuando la besó la noche anterior. Pero simplemente habían quedado en volverse a ver en aquel justo lugar.
Mientras cruzaba la plaza de regreso a casa, ensimismada en su propia decepción, no llegó a percatarse de la gente que se arremolinaba una calle más abajo. Tal vez, si lo hubiera hecho, habría podido descubrir a aquel chico malherido y aún en el suelo junto a su bici, maldiciendo al vendedor de globos que se había cruzado en su camino.

lunes, 10 de septiembre de 2018

Otro camino

       

       
Cuando pierdes a un hijo, el dolor te agota el alma hasta robarte la consciencia. Solo los sueños te devuelven intactos los recuerdos de toda una vida.
Regreso a aquella despedida en la que voló de nuestro lado, a los viajes en familia años atrás, a las risas infantiles, a ti y a mí proyectando un futuro. Y un deseo fugaz despierta el anhelo de escapar de esta angustia.
Al abrir los ojos, me aparto contrariada del abrazo de un desconocido sobre el que me quedé dormida. Él sonríe, preguntando mi nombre, y una punzada en el corazón me disuade de contestar. Mi joven reflejo en el cristal es lo último que contemplo antes de abandonar el vagón.

viernes, 24 de agosto de 2018

La vida en lino y algodón





Tras las sábanas tendidas al sol, se dibujaba la ira de mi madre, mientras Manuela asistía divertida a la consecuencia de nuestras escapadas. Yo mantenía estoicamente el tipo, sabiéndola escondida, encaramada a nuestro árbol; y dejaba resbalar impertérrito los castigos, pues su compañía salvaje y vital me compensaba de cualquier cosa.
Delante de los mismos lienzos blancos, prendidos sobre los cordeles que ataron nuestros anhelos, se estamparon las sombras chinescas de nuestros primeros besos de juventud. Una promesa de amor eterno grabada en sus ojos y en el tronco donde ya dormían nuestros juegos.
Solo cuando alcancé a rozar sus sueños, sobre el hilo níveo de nuestra cama, supe lo que era sentir su alma para siempre. Y nuestros cuerpos se fundieron mil veces en esa verdad a gritos. Y el tiempo nos rindió a la madurez.
Nadie está preparado. Nunca. La muerte dejó caer la losa frente a mis pies y el velo de la noche más cruel tapó su rostro con aquella sábana helada. Solo ha quedado mi fantasma. Y mi hija. Y la ausencia de reprimendas de una madre, que hoy vuelven a mi memoria.

lunes, 16 de julio de 2018

El primer encuentro



La puerta que abre los recuerdos de la infancia no entiende de generaciones. Al mirar por el hueco de la cerradura, podremos contemplar las risas de los niños, intactas al paso del tiempo, y los mismos juguetes dormidos en los dinteles.
Pero, venid, asomaos. Si observáis a través del oxidado ojo, encontraréis que hoy la chiquillería anda revuelta. Cuatro amigos cumplen castigo en la biblioteca del convento por robar naranjas a los monjes. El prior les ha impuesto la tarea de ordenar alfabéticamente las obras.
Si nos acercamos, los descubriremos en pleno proceso creativo. El más espabilado ha trasladado un tomo al suelo, debajo de la ventana. Los demás lo miran extrañados, aunque en seguida entienden el juego. Estratégicamente van amontonando libros, e improvisan una sólida escalera hacia su libertad. ¡Mirad cómo corren! Estos pillastres no han aprendido nada.
Pero... un momento. ¿Qué esconde el pelirrojo bajo la blusa? ¡Vaya! Parece que no está todo perdido. Un dragón sobre una página debió haber llamado su atención. Con el brillo de la curiosidad en los ojos, espera que nadie se percate de que ha tomado prestado el último «escalón».
¿No es increíble presenciar cómo las letras escogen a un pequeño lector?

miércoles, 4 de julio de 2018

Almas ajenas


Ellos no entienden la sed, ni el dolor de mi piel herida por el sol.
Gritan que su playa no me pertenece; que no podré alcanzar tierra firme. 
Llevo horas observando mis pies descalzos sobre el eterno bamboleo del mar. 
Hoy no me reconozco en los ojos de aquellos que creía de mi misma especie.
Quizás padre no mentía en sus cuentos infantiles, y yo sea una sirena. 
Tal vez solo tenga que saltar.  


martes, 26 de junio de 2018

Biografía



Vendo alma libre encuadernada en piel egipcia.
Se trata de una obra inmaterial con grabados originales, indelebles al paso del tiempo.
Todos los elementos que la componen se han respetado desde su nacimiento. El interior está poblado de historias frágiles, por lo que su extrema sensibilidad requiere de manos expertas en el noble arte de la restauración.
Una pieza tentadora para quien guste del reto de transformarla. Su estado, algo deteriorado, necesita nuevas puntadas en superficie; las costuras profundas se mantienen intactas uniendo los secretos que un lector de libros imposibles sabrá interpretar. Lamentablemente no se garantiza la recuperación de las zonas perdidas de este ejemplar.
Deseo desprenderme de ella por razones sentimentales, siendo condición sine qua non una entrevista personal con el interesado en comprarla.
Abstenerse diablos y coleccionistas.


Seleccionado para la Antología del VI Premio de Microrrelatos «Colectivo Manuel J. Peláez».


sábado, 9 de junio de 2018

_UERTE





Deseó que fuera una ese, para ganar la partida al destino por una vez en la vida.  O una efe, y así soportar estoicamente la lluvia de collejas e insultos que solían empaparlo en el parque cada día. Pero la letra correcta resultó ser una eme, y todos se mofaron de su torpeza. 
Completó el sustantivo con el dedo en el suelo de arena, y escaló hasta lo alto de un castaño. El chasquido del cinturón y el ligero bamboleo de su cuerpo en el aire dieron por concluido el pasatiempo. Ninguno de aquellos niños volvería a jugar al ahorcado.

domingo, 3 de junio de 2018

Costuras


       
      A sabiendas de que nadie me observa, ensayo mi cara de domingo frente al espejo. Los arcos de mis cejas dibujan dos paréntesis en retirada; no consiguen aclarar esta mirada perdida. La culpa es de la fugaz imagen de tu beso al despertar, que se ha quedado prendida bajo mis párpados. Con un leve pestañeo cae en el lavabo y es arrastrada por un chorro de agua fría. Por un momento he recordado la sed que me provoca tu cercanía, y mis mejillas se han arrebolado.
Con la vista puesta en mi rostro, busco el fino hilo que borda las comisuras de mis labios y, suavemente, tiro de él hasta encontrar el equilibrio de una sonrisa perfecta; la anudo fuerte a nuestros días de sofá y manta, a los paseos por la playa, a las rutinas de hogar y sábanas empapadas. Estrenando la primera sonrisa del día, me giro despacio sobre mis talones para mostrarle al mundo mi feliz semblante.
Pero entonces recuerdo que me dejaste hace dos días, y la daga afilada de tu abandono descose con brusquedad los hilvanes. Y de nuevo aparece esa oscura mueca de infinita tristeza que me desbarata la estudiada pose.