miércoles, 7 de diciembre de 2016

Salto mortal

          


     A veces la llaman ausencia cuando quieren decir muerte. Muerte de mí, en ratos pequeños, de palabras desgastadas en el libro más sabio y más profundo de mi memoria. Y muerte de ti, en la inmensidad de esta vida, de las horas que se caen a pedazos esperando tu regreso.
La llaman ausencia, y en verdad es silencio. Besos enmudecidos porque no hay labios tibios que estallen, ni lenguas que chasqueen en medio del deseo. Recuerdo nuestras bocas, y tu aliento, y las mariposas en el estómago; ese lugar donde ahora solo anidan crisálidas de seres inertes, en el que ya no vive nadie.
Volvemos vencidos a un mundo tejido en sedas suaves, intactas, tan distintas de las telas rasgadas de nuestra piel. Tan piel. Tan nuestra.
Y más heridas, y más hondo el miedo a perderte, y más certeza cuando ya es un hecho consumado.
La llaman ausencia, y solo es renuncia a las tardes de sofá y manta inventados, a las noches de sábanas y sexo, a tu cuerpo, a tu alma, a todo tú y a toda yo.
Bajamos la mirada para no ver los sueños encadenados al aire, en eslabones sin promesas. Y cerramos los ojos, y escogemos la ceguera, y nos dejamos caer. Una y otra vez. Me sujetas por la blusa, y me agarras de las manos que tan bien conoces. Yo me aferro a tu abrazo invisible, y lloramos, y nos rebelamos. Y de nuevo el precipicio; ese lugar oscuro donde no llega tu voz.
La llaman ausencia, cuando su nombre es desamor. La mortífera sombra que nos envenena el futuro mientras nos encogemos de hombros. Y nos dejamos ir, poco a poco, en bruscos golpes de viento. Y cedemos al destino, y permitimos que la soledad nos lacere el corazón, y estamos sin estar, y amamos sin amar.
A veces la llaman ausencia cuando quieren decir muerte. La tuya. La mía.

viernes, 25 de noviembre de 2016

Un cuento para Elvira



La pequeña Elvira tiembla débilmente, sentada en un sofá azul. Su cuerpo se estremece de manera tan imperceptible que nadie a su alrededor se ha percatado de ello. Sin embargo, los miedos que la agitan por dentro podrían hacer caer un rascacielos. Respira hondo, busca el regazo de su madre y cierra los ojos. La mujer la aprieta contra sí y, durante un instante, le devuelve una paz casi olvidada.
La niña se pregunta a dónde irán con aquella maleta. Sabe que, aunque en ella solo cabe una muda, lleva dentro todo el peso de la incertidumbre. Puede verlo en los ojos de su progenitora.
Nunca han viajado tan ligeras de equipaje. En realidad jamás han ido a ninguna parte, al menos no en el mundo real. Sin embargo, ya habían surcado juntas el mar en medio de la tormenta cuando, sumergidas en un baño de espuma, esquivaron los truenos en forma de puños que aporreaban la puerta.
―La tempestad pasará pronto, grumete ―le decía ella para tranquilizarla. Y era verdad. La calma llegaba poco después y, aún con los cabellos mojados, caminaban de puntillas atravesando la estancia donde un dragón dormitaba sobre un enorme diván. A veces, la bestia daba un miedo atroz, sobre todo cuando parecía abrir sus rasgados ojos inyectados en fuego. Entonces, Elvira se aferraba a la mano de su madre y corrían hasta puerto seguro, bajo el abrigo de las sábanas, en su dormitorio con cerrojo.
En ocasiones, por efecto de algún hechizo, la feroz criatura se convertía en un caballero que les regalaba palabras de afecto y las llevaba de paseo. La niña se dejaba acariciar con desconfianza, esperando que, de un momento a otro, los dedos de aquella mano amable se convirtieran en unas familiares zarpas. Y es que, en el universo de la diminuta Elvira, las historias bonitas eran solo cuentos breves e inacabados.
 Alguna noche, un nuevo desafío las sorprendía sin previo aviso. Como una verdadera heroína, su madre  se daba prisa para ponerla a salvo en la gruta que habían inventado debajo de su cama, al tiempo que desviaba la atención del enemigo. Cuando el silencio la avisaba de que el temible ataque había terminado, iba en busca de su protectora, siempre vencida, para llenarla de besos y rogarle, entre lágrimas, que la alejara de allí.
―Este es nuestro castillo, no tenemos otro lugar donde ir ―respondía ella, compungida.
Pero Elvira ya no quería jugar más. A sus siete años, creía que la auténtica fortaleza estaba entre los muros de su colegio. Soñaba con que su maestra pudiera leerle la mente, como hacía su madre al cruzar la mirada porque, temiendo por ella, ni siquiera se sentía capaz de despegar los labios y escupir sus temores.
La última vez, el cansancio frente a la rabia ajena zarandeó sus sueños infantiles; ya ni siquiera los libros de aventuras que leía en voz alta pudieron amortiguar los gritos. Era incapaz de hacer volar su imaginación; no conseguía percibir el aroma de los bosques encantados, ni notaba su piel empapada de sal tras un abordaje pirata. Simplemente, salió de su cuarto en busca de una verdad tan grande como el alma turbia que habitaba en el corazón de su padre. El puño salvaje que cruzó el aire hacia el rostro de su madre la encontró a ella en mitad del camino.
Cuentan que no hay dolor más genuino que el que se siente en carne viva cuando hieren a un hijo, y el resorte que se disparó en la mente de la mujer abrió de golpe una puerta al final del túnel.
Tras ese instante, no hubo un antes y un después en la vida de Elvira, solo un resquicio que le devolvió la magia cuando escuchó a su madre pedir ayuda a su Ángel de la Guarda. Tuvo la certeza de que hablaba con él porque, unos días más tarde, las esperaba en un parque, tras marchar de casa a hurtadillas.
―Mamá, ¿este es nuestro ángel? ―preguntaba al tiempo que le tiraba del vestido, reclamando su atención.
Ella se limitaba a asentir con la cabeza, con gesto preocupado, mientras la niña se afanaba buscando unas alas, que se le antojaban invisibles, en el cuerpo de la desconocida que las conducía a un nuevo hogar.
Acurrucada en un abrazo maternal, sobre el cálido sofá azul, Elvira aún no logra entender el mundo que la rodea; pero ya no es tan importante. Ella siempre fue capaz de percibir la fragilidad del corazón de su madre. El mismo latido que había sentido transformarse a medida que se apartaban de aquella casa de recuerdos grises.
―Ahora debéis ser valientes ―les anima el ángel.
A pesar de su corta edad, la niña comprende por qué no había conseguido ver sus alas: se las ha prestado a su madre para que esta, al fin, pueda volar.

lunes, 21 de noviembre de 2016

Desconexión




      El sexo estimula cada rincón de su cerebro. Un placer sensorial solo superado por las pequeñas descargas eléctricas que el tacto de la piel fría produce en las yemas de sus dedos. Las miradas perdidas y un silencio mortal alimentan el verdadero orgasmo. Gime excitado tras la oscura sinapsis.

sábado, 19 de noviembre de 2016

De quita y pon



La muñeca de trapo aprendió a remendar sus propias heridas; pero se abrían cada vez que pasaba de unas manos a otras. Harta de darle puntadas a su maltrecho corazón, encontró una forma de protegerlo: velcro.

jueves, 17 de noviembre de 2016

Reciclaje



      Manuela, que era muy piadosa, había optado por seguir las nuevas directrices de la Iglesia. Cogió a su Antonio, que llevaba quince años sobre la tele, y esparció sus cenizas por el altar. El lunes, cuando volviera a limpiar a la parroquia, lo regresaría a casa, como Dios manda.

miércoles, 16 de noviembre de 2016

Tormenta interior



Había visto los terrones cuarteados bajo sus pies, y contemplado las líneas profundas que surcaban las palmas de sus manos.
Cuando la viga, agrietada, cedió bajo el peso de su cuerpo, entendió que debía seguir peleando, y se echó a llorar.
Ese fue el fin de la sequía.

martes, 15 de noviembre de 2016

El experimento




El pequeño Miguel escudriñó la mirada vacía de su padre y su gesto indiferente. Intentó recordar la última palabra amable que escuchó de sus labios. Se preguntaba si alguna vez su corazón se ablandaría.
Cogió una piedra del jardín, la puso en remojo, y se sentó a esperar.

lunes, 14 de noviembre de 2016

Bodegón




Sobre mi cuerpo desnudo se conjugan manjares prohibidos: naranjas dulces al paladar y fruta de la pasión para tus labios. Tanta voracidad no deja nunca germinar semillas en mi vientre. Entonces, a escondidas, me alimento de las uvas de la ira.

domingo, 13 de noviembre de 2016

Un mundo sin fin




Los arcángeles agitaron sus alas y la tierra se elevó con suavidad para terminar formando descomunales tornados. Cuando el piloto hizo despegar el avión antitormenta, todo era oscuridad. Un rayo de luz fue la señal que precedió al mensaje.
—Apocalipsis abortado —confirmó una voz por radio.

viernes, 11 de noviembre de 2016

Donde empieza el escritor y termina la luz




La pluma era una prolongación de sus dedos, y los ojos elevaban su mirada más allá de lo que veía cualquier mortal. Por eso, su cuerpo proyectaba una estela de palabras al escribir. Su imaginación siempre iba por delante, y él desaparecía.

jueves, 10 de noviembre de 2016

Atrapada

        

      Dos implantes dentarios, el tornillo en la tibia y la placa de su fractura craneal fueron suficientes para retrasar la huida de Fátima. Por desgracia, el detector encontraba metal y no piedra. Hubieran descubierto la dureza del corazón de Samir cuando le dio alcance en la puerta de embarque.

miércoles, 9 de noviembre de 2016

Rebeldía


       El abuelo agoniza mientras su nieto atrasa, una y otra vez, las agujas del reloj. La Parca espera paciente a que el chico se dé por vencido. Hace mucho que el destino le ganó  la partida al tiempo.

martes, 8 de noviembre de 2016

Proyecto Eva




Adán sucumbió a manos de la máquina más sofisticada. El ingeniero jefe nunca pudo solucionar su efecto letal.
Los hombres siguen ardiendo como la hojarasca al tocarla en la oscuridad.

sábado, 8 de octubre de 2016

Cuento para no dormir


Cuando me encontraste estaba perdida, y tú andabas hambriento. Te arrancaste la piel de cordero para mostrar tu naturaleza feroz. Yo dejé caer la capa que me cubría, y saciaste ese voraz apetito. Ya nadie puede salvarnos. Los lobos siempre son la condena de muchachas inocentes. Como yo.

lunes, 5 de septiembre de 2016

El autor olvidado

        
                                     

No habrá luces este año iluminando el cielo de septiembre. La negra noche del treinta y seis se acompaña de los silbidos del miedo que ensordece las calles. Las bombas no saben de artificios de fiesta, ni de barquillos, ni de risas infantiles. Se mantienen mudos Los Redondeles, testigos del escaso tránsito del ganado que se malvende.
Refugiado en la obligada oscuridad del hogar, al calor de unas tenues velas, el pintor contempla su obra. Los colores estallan feroces en contraste con la vida, en un cartel de feria condenado al olvido. Entre las sonrisas de las mujeres, vestidas de la tierra, ha dibujado la de su esposa mientras acuna a su hijo. Solo es un hombre deseando mostrar su mayor dicha a una ciudad que se fragmenta ante sus ojos.

Ella lo abraza y le besa. No necesita más verdad que la que él le ha enseñado con sus pinceles, y la que la Virgen de Los Llanos le ha hecho saber: que verán a su retoño acompañándola en procesión en el futuro. Será el día en que Albacete resurja de sus cenizas.

Relato finalista en el IV Certamen Literario "Sucedió en la feria", del Club de Escritura de la Biblioteca de Albacete.

martes, 30 de agosto de 2016

Cambios de ciclo

     



        En el solsticio de verano, la tierra virgen de las laderas se hunde bajo los pies de los nómadas. Desde antaño, habían acudido a este valle para recoger el agua del deshielo que llenaba el enorme lago. De regreso a sus lugares de origen, vertían el líquido sagrado en sus mares y ríos, llevando prosperidad. Tal era el influjo sobrenatural de su pureza, que el tiempo jamás detuvo semejante campaña.
De norte a sur, y de este a oeste, los descendientes de esta fe vuelven cada año al inicio del estío. Bautizan a sus hijos al amparo de la luna, preñan de luz los vientres de sus mujeres, y los ancianos preparan sus espíritus para cruzar el umbral de la vida. Pero un olor distinto inunda la atmósfera al inicio del ritual. A media noche, beben del codiciado fluido, y se estremecen de espanto. El dulzor que esperaban descubrir ha tornado en un sabor salado. Unos culpan a la pólvora que flota en el aire del nuevo mundo. Otros observan los vestigios de las últimas nubes llegadas de la costa.
Saben que fueron portadoras de malas noticias la pasada primavera, cuando trajeron todas aquellas lágrimas desde el Mediterráneo. 

Finalista en el V Concurso de Microrrelatos “Leonardo Barriada” de la Asociación Félix de Martino, de Soto de Sajambre (León).

viernes, 24 de junio de 2016

Conjuro



Yo invoco al primer rayo de luna, en la límpida luz de esta larga noche, para que selle la piel dolida de tanta ausencia, de negaciones y de sombras.
Que la madre tierra desmadeje sus raíces, y suture con puntadas de eternidad mis comisuras.
No más besos que agrieten las heridas, no más amor de mis labios vertido; solo nudos de una boca estéril de ternura.
Clamo al hechizo de este instante, en el claroscuro del deseo, para que borre la nostalgia de tu calor en mi cuerpo, las huellas de un abrazo hambriento, tu sonrisa robada.
Que el océano desborde las orillas, y ahogue las emociones en el fondo, arrastradas por recuerdos imposibles.
No más lágrimas de sal caliente, no más inmersiones en mares ajenos; solo el murmullo imperturbable de tu silencio.
Imploro a la magia del solsticio, en la intimidad secreta de nuestro abismo, para que duerma mis manos huérfanas de caricias, y borre las promesas dibujadas en la yema de mis dedos.
Que el viento del estío sople sin piedad nuestros sueños y abra surcos en las dunas de un reloj de arena.
No más tiempo sin camino, no más aliento al alma helada; solo un puente de presente y astillas.
Y, cuando al amanecer el fuego haya hecho de mi ser cenizas, que me consuma el abandono de tu nombre para poder, al fin, olvidar el mío.
Sea.

viernes, 17 de junio de 2016

A este lado

         


El proyecto de muro, dibujado en mi mente, se alza en una hilera de piedra negra. Y una verdad, aún más oscura, arrastra el alma hasta el otro lado.
Es mi sombra la que cruza los resquicios, no soy yo. Ya no.
La pared se eleva por encima de mi propia fe, embebida en esta mezcla de barro y lágrimas.
Es el silencio de la oscuridad, del hambre de amor, del ayuno de esperanza.
Recuerdos fundidos en plomo, engastados como parches en la roca. La misma que me aplasta el corazón, perdido en algún punto de esta frontera. El cruel peso que ha matado las mariposas, una tras otra.
No ves el funeral de mi cuerpo porque ya no puedes escalar tan alto.
El vacío que me consume devora el latido, muerde mis entrañas, y me machaca los pies.
Ya no camino. Me detuve hace días en el vórtice de este huracán de tiempo; el que arrancó de cuajo las agujas de nuestro reloj.
Y de nuevo toca sangrar por mis alas desgarradas, y dejar volar a cielos ajenos los sueños que no quisimos.  


miércoles, 25 de mayo de 2016

Recuerdos de ojal


           Con su regalo, descubrí que la vida cabe en una pequeña lata de golosinas. Aquellos caramelos habían sido sustituidos por una suerte de botones, de distintos tamaños y formas, que mamá había conservado con esmero. Los azules de mi uniforme escolar, los de madera de mi trenca favorita, los redondos y nacarados de mi vestido de novia...
Atrás quedaron las tardes de labores en casa, llenas de confidencias y  puntadas. Pero, a pesar de que nunca más volví a armarme de aguja e hilo, encontré en aquel set de costura trocitos de un pasado que me devolvían al hogar cuando los ponía sobre mi mano. 

lunes, 23 de mayo de 2016

Biografía



Vendo alma libre encuadernada en piel egipcia.
Se trata de una obra inmaterial con grabados originales, indelebles al paso del tiempo.
Todos los elementos que la componen se han respetado desde su nacimiento. El interior está poblado de historias frágiles, por lo que su extrema sensibilidad requiere de manos expertas en el noble arte de la restauración.
Una pieza tentadora para quien guste del reto de transformarla. Su estado, algo deteriorado, necesita nuevas puntadas en superficie; las costuras profundas se mantienen intactas uniendo los secretos que un lector de libros imposibles sabrá interpretar. Lamentablemente no se garantiza la recuperación de las zonas perdidas de este ejemplar.
Deseo desprenderme de ella por razones sentimentales, siendo condición sine qua non una entrevista personal con el interesado en comprarla.

Abstenerse diablos y coleccionistas.

miércoles, 18 de mayo de 2016

Así nacen los héroes

    
    
    Miguel regresaba a casa, con una paleta menos, tras interceptar un puñetazo dirigido a un chaval indefenso. El mismo chico que recogía aquel diente ensangrentado, y lo guardaba en su bolsillo como un tesoro.

martes, 17 de mayo de 2016

Delete


Pediste más espacio entre tú y yo.
Tú.                                                         Yo.
Al parecer, no di en la tecla que querías.

lunes, 16 de mayo de 2016

Donde tú estés


         Mi cuerpo oscila sobre las olas, y dibuja sombras imposibles bajo la luna. Las algas, gusanos de caricias acuosas, acunan mi desmemoria en un constante vaivén. Me siento como un delfín entregado al juego de las mareas en alguna vida anterior, en otro mar. Mas la brisa nocturna es fría y me hace estremecer. Este no es mi lugar; me desconozco. Mi pesada naturaleza insiste en sumergirse para hallar refugio; un hogar sin olor a sal, sin estrellas en el cielo.
El abrazo del océano hunde el miedo lentamente, y regreso a una ingravidez familiar, a mi primer silencio, a mi esencia última. Soy un pez perdido en un cruel descenso. A cada bocanada, una punzada salvaje me arranca recuerdos a jirones, sensaciones que me llaman desde la luz. Me resisto a subir. No puedo... no quiero.
Solo entonces descubro mi humanidad, mis piernas inmóviles, mis manos vacías aferrando la nada en mi regazo. Al apretar mis párpados veo de nuevo la barcaza naufragar. No encuentro a mi niño. Araño feroz el muro de agua que me aplasta, y solo me devuelve la inmensidad de mi pérdida. Vencida, me rindo a las profundidades en busca de mi pequeña criatura abisal.

sábado, 7 de mayo de 2016

Felicidad innata


        En algunos orfanatos los bebés no lloran. Los niños descubren rápido que sus lágrimas no serán atendidas, y un silencio estremecedor inunda la sala de cunas. Lo sorprendente es que, cuando alguien acude a buscarlos, el rostro se les ilumina. Nadie sabe cómo aprendieron a sonreír.

jueves, 5 de mayo de 2016

El éxito



   El cálido aliento de su musa llenó su imaginación hasta hacerle volar. A medida que ascendía, iba soltando el lastre de las palabras pesadas y guardaba las más simples. Tan ligero anduvo por el reino de las letras que un golpe de viento lo devolvió al suelo estrepitosamente.

miércoles, 4 de mayo de 2016

Fulano, Mengano y Zutano




Mi padre se llama como yo, y yo me llamo como mi hijo, le explico al empleado del registro, que me mira poco convencido.
—¿Y cómo dice usted que se llama él? —pregunta escamado.
—Pues verá, esa es la cuestión —respondo—, porque el muy tunante no ha querido soltar prenda. En un ataque de rebeldía, mi primogénito ha pensado que ya ha soportado demasiado cargando con el lastre de su antiguo nombre, y ha decidido remediar lo que él insiste en llamar un despropósito familiar. Pero es que nosotros somos muy de tradiciones, y lo de compartir onomástica de generación en generación nos lo tomamos muy en serio. Aunque ya me avisó mi mujer que hay ocasiones en que ciertas costumbres no compensan el castigo. De modo que, al parecer, ha decidido vengarse y dejar coja nuestra dinastía. Y eso no, ve usted, aunque sea con otro nombre, pero yo al abuelo no le doy ese disgusto.
—Pero sin su permiso no puedo darle esa información —responde el funcionario, con los ojos como platos.

—Entonces deje que indague un poco más. Eso sí, borre usted de momento el de ahora. Con padre anónimo no habrá problema, el hombre ya está medio sordo; lo complicado va a ser, mientras tanto, cuando mi parienta empiece a reclamarme a voces y yo ya no me dé por aludido.

Finalista en el  V Concurso de Microrrelatos de la Fundación Pública Gallega «Camilo José Cela».

martes, 3 de mayo de 2016

Debilidades

        
         Vencida Atenea en la lucha, el joven mortal la despojó de lanza y escudo, y le arrebató la armadura para hacerla vulnerable a su espada. Dispuesta ya a rendirse, dejó a los pies del hombre el resto de sus ropajes. Ante la diosa desnuda, el soldado perdió la batalla.

lunes, 2 de mayo de 2016

??????


                El autor, huérfano de ideas, decidió terminar con su vida literaria poniendo punto final a una historia inacabada. Tantas preguntas quedaron en el aire, que llovieron puntos suspensivos. Al hombre no le quedó otra que seguir escribiendo.

domingo, 1 de mayo de 2016

Fuga de sol para tu memoria


Querida abuela:
Hoy al fin cumpliré la promesa que te hice. Terminé la pieza musical que comenzamos a escribir juntas y que, con fe infinita, pusiste en mis manos. Entonces no entendí la premura por hacerme volar sola, pero las imágenes del pasado regresan ahora con nitidez. Recuerdo las partituras siempre desordenadas encima de la mesa, como una sinfonía muda en eterna espera. Tú copiabas sobre los pentagramas cada nota perdida, sin desistir en la rutinaria tarea.
«No quiero olvidar», respondías ante mi expresión  interrogante. Tu puño dibujaba trazos seguros y firmes en el papel hasta que, un día, el brillante azul de tus ojos tornó en un apagado gris, y dejaste de crear las melodías  que llenaban la casa de música. Pero nadie me explicó por qué te estremecías al detenerte al lado de tu piano. A los niños nadie les cuenta nada cuando los cambios se avecinan. Sin embargo, las preguntas volaban inquietas dentro de mí a medida que pasaba el tiempo.
Al llegar el otoño, los acordes ya habían olvidado cómo debían sonar bajo tus dedos, y el invierno secuestró las horas que pasabas acariciando aquellas teclas. Cuando la banda sonora de tu vida empezó a desafinar en tu memoria, supe de tu enfermedad; ya apenas solicitabas mi compañía para tocar juntas. Perdí a mi maestra, pero tú permaneciste como siempre en nuestras vidas, con los pensamientos dormidos y el corazón despierto. Mamá dice que a veces la lucidez te ilumina el rostro, que la llamas por su nombre, y tarareas las composiciones que mil veces robaste a tu piano.
Hoy regresaré a casa de nuevo para celebrar tu cumpleaños, pero esta vez dejaré mi carta sobre tu regazo, en el mismo lugar donde dejaba mis abrazos siendo niña. Desplegaré las alas que tú me diste y tocaré para ti, con la secreta esperanza de devolverte los recuerdos en clave de sol. Y cuando tu mente despierte, aunque sea por un instante, estaré esperándote para decirte cuánto de ti dejaste en mi interior.
Con todo mi amor, tu nieta que te quiere.

Marina 

sábado, 30 de abril de 2016

Planeta rojo


  Algún día se derramarán ríos de tinta para contar la barbarie que cometió el hombre, pero las palabras se evaporarán antes de llegar al mar. Entonces solo tendremos que contemplar la Tierra desde el aire, y entenderemos por qué los océanos cambiaron de color.

viernes, 29 de abril de 2016

Doble filo

          
Junto a la iglesia siempre hay dos mendigos. Los feligreses nunca dan su limosna en mano; escogen al que pide en vasija de cerámica. Se aseguran de que el sonido de su generosidad llegue a oídos de Dios. Ignoran que el Diablo también escucha el tintineo de la hipocresía.

miércoles, 27 de abril de 2016

El Cielo en la Tierra

       


 Galileo permanece concentrado mientras observa las estrellas. Su corazón se acelera con cada descubrimiento, y siente que el universo entero se despliega ante sus ojos. La fe del mundo tiembla con sus verdades, esas que los incrédulos tornan en pecado. Mas él sonríe bajo la cúpula abovedada, pues su desafío, lejos de alcanzar a Dios, tiene nombre de mujer. Solo Marina le hace viajar a años luz de este planeta.

Cuando aparta la mirada del telescopio, dibuja con su dedo constelaciones sobre su piel, y se adentra en una ruta estelar que empapa todos sus anhelos. Ella provoca la desbordante curiosidad del maestro y le muestra el lugar exacto donde duerme Venus, un lugar inexplorado en el que sus teorías se vuelven éxtasis para los sentidos. En un arranque malicioso, le pide al astrónomo que le regale la luna como prueba de amor. No hay más filosofía de vida para él que cumplir los deseos de su amante. Y al calor de una noche de junio, embriagados de solsticio, la lleva hasta la laguna. Allí la invita a sumergirse en el plateado reflejo de su otra obsesión. 

martes, 26 de abril de 2016

Suspiros de Cartagena



Mi madre heredó del abuelo una caracola dibujada en la piel. Quiso el mar sellar en su hombro las caricias que un infante de la Marina regaló a una muchacha cartagenera una tarde de primavera. La banda del Tercer Regimiento lanzaba al vuelo los Suspiros del maestro Álvarez en la Plaza de San Sebastián y, ya roto el paso marcial, el joven corneta perdió el rumbo tras las faldas de aquella chica. Cuando el deber destinó al marino hacia otros puertos, quedó atrás el secreto de una mujer encinta, junto a un beso sin retorno. Se llenaron los días de cartas que ella entregaba esperanzada al Mediterráneo y, en el camino de vuelta, susurraba una oración bajo el farol que alumbraba a la Soledad. Y, como de esperas se tejen los milagros, él regresó.
El abuelo nunca imaginó que el beso dormido que ella dejó en sus labios lo devolvería como un tesoro sobre la frente de mi madre.
Dicen que ese día echó amarras y aprendió a navegar en tierra firme. Y, cuando la nostalgia de sal lo invadía, abrazaba a su hija para escuchar, en la marca de su piel, el sonido de las olas.

Relato finalista del IV Concurso de Microrrelatos ELACT "Lola Fernández Moreno". 

domingo, 24 de abril de 2016

Paisaje al óleo de una tormenta de verano



Finalista en el I Concurso de Relatos Villa de Sorihuela, del Ayuntamiento de Sorihuela del Guadalimar (Jaén).

El destino espera paciente su momento, y va dibujando sobre la comarca las historias que habrán de llegar. Si os asomáis con cuidado, podréis sentir cómo agosto llega calentando sin piedad la campiña, atraviesa el olivar de raíces rojas, y se adentra lamiendo los muros de las blancas casas de la villa. Su lengua áspera se enreda en el badajo de las campanas para fundir su tañido. Para quienes conocéis este lugar, bien sabéis que es imposible que el fuego del estío silencie las calles con la duermevela de la siesta.
Es tiempo de festejos, y el pueblo entero rinde honores a su Patrona. Los jóvenes se reencuentran con sus tradiciones, sumergidos en el pasado, y los más ancianos se animan a salir fuera de sus moradas por primera vez en lo que llevamos de año. Los que marcharon en busca de aventuras ya han retornado al hogar para pasar sus vacaciones, y algún forastero, embelesado con esta tierra, se manifiesta dispuesto a quedarse durante una buena temporada.
Así parece que ha sucedido con ese fornido zapatero de tez morena y generosa sonrisa que trabaja en su taller. Apenas hace unos días que llegó con sus útiles y no le falta ya clientela a su pequeño negocio. Si escucháis atentamente, es fácil distinguir los firmes golpes de su martillo terminando algunos encargos. Anda concentrado poniendo tapas nuevas en las botas camperas del joven Antonio, que las destrozó a lomos de su yegua torda en la pasada romería. En la repisa descansan algunos zapatos que han encontrado en el nuevo vecino la salvación a un destino aciago. La vieja Matilde está feliz de que al fin alguien sea capaz de darle una nueva vida a sus cómodas sandalias ya que, sin nadie en los alrededores que pudiera arreglarlas, hubieran acabado en la basura. Los parroquianos se ahorrarán muchos paseos a las villas cercanas ahora que tienen su propio maestro remendón.
Pero volvamos al artesano. Hace escasos minutos que dejó la faena y entró en la casa para asearse. Estrena tanto la camisa como el brillo de los ojos. Su aspecto refleja inquietud, aunque resulta imposible adivinar cuáles son sus intenciones. Habremos de esperar, pues, a que los acontecimientos sigan su curso. Mientras nuestro hombre camina calle abajo, una enorme sombra de nimbos lo acompaña, silenciosa, hacia la plaza. El aire sopla con disimulo y, si observáis el cielo, veréis que un relámpago del atardecer viene anunciando una tormenta de verano. Sin embargo, nadie mira a las nubes; la lluvia tendrá que esperar hasta el final de la jornada, dando tregua al paso de la Santa; lo afirman los devotos convencidos, aunque Tomás, el de las cabañuelas, menea la cabeza e insiste en que ya toca.

miércoles, 24 de febrero de 2016

Armonía


        Cuando llegamos a casa del abuelo, lo encontramos ojeando sus libros de ciencia. Papá le mostró entusiasmado la bombilla en la que llevaba tanto tiempo trabajando. Una maravilla que jamás agotaría su capacidad de dar luz. Con veneración, la colocaron en la lámpara y la encendieron. Ambos ingenieros sonreían.
En el exterior, un rayo atravesó la tormenta provocando un apagón. El abuelo prendió entonces una vela y nos quedamos en silencio, contemplando cómo se iba consumiendo. Aquel día descubrí que la naturaleza, a veces, necesita poner al ser humano en su sitio. «Puro equilibrio», como solían decir ellos.

miércoles, 10 de febrero de 2016

Abandonados


       Se alzan impasibles los cipreses, mientras el olvido lame las piedras y convierte en ruinas los muros del cementerio. Ya no tañen las campanas a réquiem, y las lápidas duermen anónimas bajo el polvo. Tras la cancela, vagan las almas en pena llamando a sus seres queridos.
Chirrían las bisagras que anuncian compañía, mas solo es el viento; el mismo que apagó las velas tiempo atrás. Los vivos partieron del pueblo en busca de un porvenir, y se llevaron en las maletas los recuerdos, dejando a sus muertos en el camposanto.
Nadie les fue a avisar.

sábado, 30 de enero de 2016

Granjero busca esposa



   Hombre cabal y trabajador donde los hubiera, solo ansiaba compartir su vida con la mujer acertada, aunque esta viniera sin blanca. Los requisitos indispensables eran, como cabía esperar, buena mano para el manejo de las bestias  y destreza en la recolección de frutas. 
Cuando ella le mostró sus habilidades femeninas en el huerto, él se puso como un «miura» y consiguieron, con dos embestidas, echar abajo todas las peras del árbol. Superó con creces sus expectativas.
Ya no le importó demasiado que intentara ordeñar a «Sobrao», confundiéndolo con una vaca.

miércoles, 20 de enero de 2016

Zíngara


      Música de acordeón y pandereta acompaña al traqueteo de aquel bazar ambulante. Ya en las afueras, se hace el silencio dentro del carromato. Tras el espeso cortinaje, la joven gitana levanta los naipes en busca de su destino, pero el futuro solo es para los que pagan con oro su buenaventura. También enmudece la bola de cristal que, empañada de lágrimas, resbala de sus manos escapando de la carreta. Al asomarse, una imagen se refleja en el vidrio antes de hacerse añicos: el cielo abierto y un camino infinito.
Solo los pájaros escucharon el tintineo de sus cascabeles al saltar.

martes, 19 de enero de 2016

Híbrido de mal agüero



     La vieja radio del abuelo, agónica, se dejaba morir con las últimas interferencias. Hubo que optar por un trasplante, y mi padre cambió sus tripas por el fuerte latido de un reloj de cuco. Ahora ya no le contaba historias al anciano, pero le recordaba a su dueño que la vida seguía, con el pausado tic-tac de los segundos y el potente «cucú» que anunciaba las horas.
Peor suerte corrió el donante. Mamá no tardó en arrumbarlo en el desván porque, aunque de tanto en tanto dejaba escapar suaves melodías, cada vez que el pájaro salía de su casa era para dar una mala noticia.

martes, 12 de enero de 2016

Funeral



       La lengua del tiempo, que lamía mi piel y sanaba las heridas, marchita los pliegues de mis labios descarnados. El hambre de amor engulló las horas, y mueren los recuerdos de pura inanición. Se paró el reloj de la eterna espera. Mi cuerpo es frío invierno de roca, del que filtra lágrimas en cada grieta, y hace añicos mi pedestal. ¿Reconoces su forma? En viejos sueños se paró el latido. Se quiebra el puente por la ausencia de mis pasos moribundos,  y llueven astillas como puñales. Hoy se tiñen de negro las palabras. Tocan a  réquiem las campanas por una muerte anunciada.

miércoles, 6 de enero de 2016

La ciudad de los ancianos




 Un aire gélido cruza la calle,  y en el silencio de la noche apenas se recuerda la última vez que amaneció. En la lejanía, el sonido de un llanto enciende un tímido resplandor en el horizonte. Al fin nace un niño que consigue despertar la curiosidad del sol.

lunes, 4 de enero de 2016

Clase de costura


        El cadáver tenía restos de cloroformo en las fosas nasales, y presentaba apretadas suturas en párpados y boca. Según la forense, había sido una muerte lenta y dolorosa.
―Dos pasadas al derecho, una del revés ―tarareaban las alumnas, con voz celestial, cuando la inspectora entró en el aula para el interrogatorio. Todas se afanaban, concentradas en sus labores.
La policía ignoraba que Sor Teresa les escupía con desprecio lo inútiles que eran en materias principales, mientras les gritaba que acabarían como vulgares costureras, dando burdas puntadas.
Lástima que la monja ya no pudiera comprobar con sus propios ojos cómo habían mejorado sus pupilas. Ahora eran unas verdaderas expertas cerrando ojales.