viernes, 16 de agosto de 2013

Metamorfosis inversa







Tu ausencia teje hilos en mi cuerpo y envuelve mis entrañas. Mudo alas en tu invierno, convirtiéndome en crisálida, latente y cambiante. Las caricias perdidas arañan jirones en mi espalda. El silencio vacía mi garganta. Duele la vida desangrada.  Se reseca la piel sin las húmedas mañanas, sin labios, sin lengua. La sed sin agua. Si no estás,  ya no hay nada, ni luz, ni placer, ni alma. Solo yo con otra faz, un ser anodino. Vuelvo a nacer. Muere la magia. 

sábado, 10 de agosto de 2013

A dos palabras de ti


   









Después de mil hechizos, el mago se dio por vencido. Jamás lograría sacar sus sueños de aquella bola de cristal donde habían quedado atrapados. Nunca antes le había importado demasiado que estuvieran allí. Cada vez que su mente creaba una historia, una pequeña luz se encendía dentro de aquella frágil esfera y, desde fuera, podía observar cómo sus fantasías cobraban forma en su interior.
Pero un día, la soñó a ella. Una criatura celestial que llegó una noche de verano. Aún percibía el aroma de su piel y la suavidad de sus labios, su risa cálida y el fuego de sus ojos. La sintió tan real que, al despertar, su ausencia se clavó en su corazón produciéndole un dolor insoportable.  
La buscó en su burbuja atrapasueños y allí la halló. Parecía perdida, a la espera de sus palabras, con el mismo anhelo que él: volverse a encontrar. Angustiado buscó, en sus libros de magia, el sortilegio que liberara sus sueños de aquella cárcel encantada, mas todo fue inútil. Estaba condenado a vivir sin ella si no lograba encontrar las palabras que la hicieran regresar.
Cada día se sentaba a contemplarla, mientras ella dibujaba, en el aire,  símbolos que era incapaz de interpretar.  Verla y no poder acariciarla le estaba rompiendo el alma. Un día ya no pudo más y, en plena desesperación, estrelló la bola contra el suelo. Hacerla desaparecer dolería menos que no volver a tocarla jamás.
La esfera de cristal se hizo añicos y, en un remolino de luz, los sueños se iban disipando derramando colores y figuras por doquier. Los recuerdos del pasado se hilaban en finas hebras desde una delicada madeja buscando su fin; y allí la encontró a ella. Brillante, preciosa, justo como la soñó. Todo se desvanecía frente a él.
Solo un instante le bastó para llegar a su lado y abrazar su cuerpo de luz. Le entregó el beso más deseado, y ella deslizó su dedo sobre la palma de su mano, dibujando los signos tantas veces trazados.
Por fin él lo entendió, dos palabras indelebles grabadas sobre su piel: “Te quiero”. La clave para llegar a ella y liberarla. Pero, cuando el mago al fin pudo entender, su sueño amado...se evaporó.