sábado, 30 de enero de 2016

Granjero busca esposa



   Hombre cabal y trabajador donde los hubiera, solo ansiaba compartir su vida con la mujer acertada, aunque esta viniera sin blanca. Los requisitos indispensables eran, como cabía esperar, buena mano para el manejo de las bestias  y destreza en la recolección de frutas. 
Cuando ella le mostró sus habilidades femeninas en el huerto, él se puso como un «miura» y consiguieron, con dos embestidas, echar abajo todas las peras del árbol. Superó con creces sus expectativas.
Ya no le importó demasiado que intentara ordeñar a «Sobrao», confundiéndolo con una vaca.

miércoles, 20 de enero de 2016

Zíngara


      Música de acordeón y pandereta acompaña al traqueteo de aquel bazar ambulante. Ya en las afueras, se hace el silencio dentro del carromato. Tras el espeso cortinaje, la joven gitana levanta los naipes en busca de su destino, pero el futuro solo es para los que pagan con oro su buenaventura. También enmudece la bola de cristal que, empañada de lágrimas, resbala de sus manos escapando de la carreta. Al asomarse, una imagen se refleja en el vidrio antes de hacerse añicos: el cielo abierto y un camino infinito.
Solo los pájaros escucharon el tintineo de sus cascabeles al saltar.

martes, 19 de enero de 2016

Híbrido de mal agüero



     La vieja radio del abuelo, agónica, se dejaba morir con las últimas interferencias. Hubo que optar por un trasplante, y mi padre cambió sus tripas por el fuerte latido de un reloj de cuco. Ahora ya no le contaba historias al anciano, pero le recordaba a su dueño que la vida seguía, con el pausado tic-tac de los segundos y el potente «cucú» que anunciaba las horas.
Peor suerte corrió el donante. Mamá no tardó en arrumbarlo en el desván porque, aunque de tanto en tanto dejaba escapar suaves melodías, cada vez que el pájaro salía de su casa era para dar una mala noticia.

martes, 12 de enero de 2016

Funeral



       La lengua del tiempo, que lamía mi piel y sanaba las heridas, marchita los pliegues de mis labios descarnados. El hambre de amor engulló las horas, y mueren los recuerdos de pura inanición. Se paró el reloj de la eterna espera. Mi cuerpo es frío invierno de roca, del que filtra lágrimas en cada grieta, y hace añicos mi pedestal. ¿Reconoces su forma? En viejos sueños se paró el latido. Se quiebra el puente por la ausencia de mis pasos moribundos,  y llueven astillas como puñales. Hoy se tiñen de negro las palabras. Tocan a  réquiem las campanas por una muerte anunciada.

miércoles, 6 de enero de 2016

La ciudad de los ancianos




 Un aire gélido cruza la calle,  y en el silencio de la noche apenas se recuerda la última vez que amaneció. En la lejanía, el sonido de un llanto enciende un tímido resplandor en el horizonte. Al fin nace un niño que consigue despertar la curiosidad del sol.

lunes, 4 de enero de 2016

Clase de costura


        El cadáver tenía restos de cloroformo en las fosas nasales, y presentaba apretadas suturas en párpados y boca. Según la forense, había sido una muerte lenta y dolorosa.
―Dos pasadas al derecho, una del revés ―tarareaban las alumnas, con voz celestial, cuando la inspectora entró en el aula para el interrogatorio. Todas se afanaban, concentradas en sus labores.
La policía ignoraba que Sor Teresa les escupía con desprecio lo inútiles que eran en materias principales, mientras les gritaba que acabarían como vulgares costureras, dando burdas puntadas.
Lástima que la monja ya no pudiera comprobar con sus propios ojos cómo habían mejorado sus pupilas. Ahora eran unas verdaderas expertas cerrando ojales.