lunes, 11 de noviembre de 2013

El libro

     
          Me encontraste dormida entre párrafos de tinta, y susurraste el nombre que alguien había escrito bajo mi cuerpo. Bastó que tus dedos rozaran mi piel de pergamino para despertarme de este sueño. Allí estaban silenciosas las palabras que nadie pronunciaba, y el eco de tu voz las levantó del papel hacia el infinito.
Trepé por mi propia historia, dejando caer las frases olvidadas, mientras otras nuevas se creaban bajo mis pies. Tú, atrapado en la lectura, devorabas los capítulos ya escritos por otra pluma. Yo, liberada por tu imaginación, encadenaba aventuras para atraerte hacia mí. Te escuché reír y, maravillada, me detuve a contemplarte.
Entonces me viste. Un destello fugaz que atravesó mi mundo y alcanzó el tuyo. Sin miedo, tus dedos trazaron, sobre la página, un puente de puntos suspensivos junto a mí. Corrí con todas mis fuerzas... y salté.

domingo, 20 de octubre de 2013

Enganchada







El eco de tu voz se expande por mi mente, y mis neuronas, excitadas, multiplican por mil  sus conexiones. Así descubrí por qué erizas mi piel cuando me tocan tus manos; o dónde se va el aire,  que no llega a mis pulmones, si respiras frente a mí. Sometes mi boca al pulso de tus labios y, ya perdida, sin razón ni voluntad, te haces dueño de mis actos.
Ahora, en la distancia, contraídas las pupilas por tu ausencia, hallaré la manera de cortar los minúsculos hilos que te atan a mis pensamientos.  De nuevo seré libre. Nunca más seré feliz. 


viernes, 18 de octubre de 2013

Adolescencia creativa

       


          Dentro del aula, contra todo pronóstico, el mundo se deshace y se transforma. Las letras y los números se escapan de los libros de texto, dibujando en la pizarra un desafío distinto cada día. Sobre la tarima, un docente expectante, y el tiempo finito. Justo enfrente, nosotros. 
Unas veces, el reto rebota sobre las paredes y sale despedido por la puerta, como una pelota de goma. Otras, conseguirá ser lo bastante inquietante para detener los pensamientos agitados que saltan de mesa en mesa. Solo un maestro hábil sabría aprovechar ese momento para anudarnos la lengua a la pata de la silla. Entonces se abrirán nuestras mentes, y la curiosidad nos engullirá.
Así, unos devorarán las ciencias creando ideas grandiosas que harán girar más rápido el universo; mientras, yo detendré los segundos con trampas.
Otros jugarán con paletas de colores para llenar de luz los lienzos de vidas apagadas, que habré de encender con un simple pestañeo.  
Los más audaces, empapados de palabras, escribirán nuevos versos que forjarán historias inmortales, algunas con mi nombre tatuado.
Y los rezagados de siempre, ausentes, dejarán volar los sueños, que saltarán por la ventana hasta el patio del colegio. Allí me esperarán para pintarlos de rosa en un descuido.
Y cuando, al fin, este prodigioso lugar lance al mundo doctores, artistas y genios, yo estaré esperando mejores expectativas de futuro. Explotaré mis recursos para ponerlos a todos ellos a mi servicio.
De mayor, la chica que veis sentada al fondo será una mujer fatal.

sábado, 28 de septiembre de 2013

El harén



          Miro el  horizonte, esa sombra ondulante que separa el cielo de esta arena ardiente que quema las plantas de mis pies. Montañas imposibles de silencio y sed. Tras de mí, la risas de los niños jugando en el agua, el roce de las hojas de las altas palmeras, y el viento desprendiendo los dátiles como una lluvia dulce. La delgada línea que separa la vida de la muerte se ancla a mi tobillo en forma de cadena. Me asomo al mortal destino de una libertad segura, y me aferro a ese deseo como una única esperanza. Ya hace cinco lunas que me hicieron prisionera.



sábado, 7 de septiembre de 2013

Todo es posible








Decididamente, mil novecientos sesenta y tres sería su año. Sobre sus manos temblorosas podía percibir el calor de la tinta recién impresa. Miraba con deleite la suave cubierta de cuero y, muy despacio, deslizó sus dedos por las páginas nuevas, sin apenas reparar en las palabras que se derramaban por su superficie.
Aún no podía creer que, finalmente, su primera novela hubiera visto la luz. Ahora, ojos ajenos leerían sus pensamientos y recogerían las emociones vertidas sobre el papel. Podrían descubrir, a través de los personajes de aquella historia, su propia alma. Cerró los ojos con fuerza y deseó que, alguna vez, alguno de sus lectores consiguiera percibir el indomable espíritu que lo llevó a escribir su libro.
Ensimismado, no se dio cuenta de que el metro ya había hecho su entrada en la estación. Apenas unos segundos le bastaron para observar que una chica lo miraba desde el interior de uno de los vagones. En sus manos sostenía un ejemplar de su novela. Aquello no era posible. Él acababa de recibir la primera copia recién editada. ¿Cómo podía ella...?
Elena terminó de leer la última página, y regresó poco a poco a la realidad, mientras su mirada se perdía en el andén. Apretó el libro contra su pecho, intentando hacer suya cada una de las emociones vividas con aquella historia. Casi le dolía tener que devolver aquel libro a la biblioteca. Pensó durante unos segundos, y al fin se decidió; no bajaría en aquella parada.
Abrió el libro de nuevo, y escribió su nombre con letra firme. Tal vez se hubiera sentido menos culpable si no hubiera sentido la mirada atónita de aquel chico a través del cristal. Demasiado tarde para cambiar de idea. Continuó con la fecha: dos de septiembre de dos mil trece. El día en que se convirtió en una ladrona de libros. 

viernes, 16 de agosto de 2013

Metamorfosis inversa







Tu ausencia teje hilos en mi cuerpo y envuelve mis entrañas. Mudo alas en tu invierno, convirtiéndome en crisálida, latente y cambiante. Las caricias perdidas arañan jirones en mi espalda. El silencio vacía mi garganta. Duele la vida desangrada.  Se reseca la piel sin las húmedas mañanas, sin labios, sin lengua. La sed sin agua. Si no estás,  ya no hay nada, ni luz, ni placer, ni alma. Solo yo con otra faz, un ser anodino. Vuelvo a nacer. Muere la magia. 

sábado, 10 de agosto de 2013

A dos palabras de ti


   









Después de mil hechizos, el mago se dio por vencido. Jamás lograría sacar sus sueños de aquella bola de cristal donde habían quedado atrapados. Nunca antes le había importado demasiado que estuvieran allí. Cada vez que su mente creaba una historia, una pequeña luz se encendía dentro de aquella frágil esfera y, desde fuera, podía observar cómo sus fantasías cobraban forma en su interior.
Pero un día, la soñó a ella. Una criatura celestial que llegó una noche de verano. Aún percibía el aroma de su piel y la suavidad de sus labios, su risa cálida y el fuego de sus ojos. La sintió tan real que, al despertar, su ausencia se clavó en su corazón produciéndole un dolor insoportable.  
La buscó en su burbuja atrapasueños y allí la halló. Parecía perdida, a la espera de sus palabras, con el mismo anhelo que él: volverse a encontrar. Angustiado buscó, en sus libros de magia, el sortilegio que liberara sus sueños de aquella cárcel encantada, mas todo fue inútil. Estaba condenado a vivir sin ella si no lograba encontrar las palabras que la hicieran regresar.
Cada día se sentaba a contemplarla, mientras ella dibujaba, en el aire,  símbolos que era incapaz de interpretar.  Verla y no poder acariciarla le estaba rompiendo el alma. Un día ya no pudo más y, en plena desesperación, estrelló la bola contra el suelo. Hacerla desaparecer dolería menos que no volver a tocarla jamás.
La esfera de cristal se hizo añicos y, en un remolino de luz, los sueños se iban disipando derramando colores y figuras por doquier. Los recuerdos del pasado se hilaban en finas hebras desde una delicada madeja buscando su fin; y allí la encontró a ella. Brillante, preciosa, justo como la soñó. Todo se desvanecía frente a él.
Solo un instante le bastó para llegar a su lado y abrazar su cuerpo de luz. Le entregó el beso más deseado, y ella deslizó su dedo sobre la palma de su mano, dibujando los signos tantas veces trazados.
Por fin él lo entendió, dos palabras indelebles grabadas sobre su piel: “Te quiero”. La clave para llegar a ella y liberarla. Pero, cuando el mago al fin pudo entender, su sueño amado...se evaporó.


lunes, 8 de julio de 2013

Siempre


En mar abierto. En noche cerrada.  Sumergida la sensatez en salinas aguas, vuelven a encallar mis palabras. Una promesa perpetua que enmudece la voz mientras la piel habla, lacerada, de las caricias ausentes.
Aquí nunca fue verano; el tiempo se detuvo en la arena blanca por donde ahora alejas tus pisadas. Duele enero en el alma. Dime que aún sigues perdido, en mis pupilas dilatadas. 





domingo, 9 de junio de 2013

Cruzando la línea

       
La curiosidad dibujó, bajo mis pies descalzos, una frágil línea de puntos suspensivos. Caminé sobre ella, y me dejó al borde de un abismo. Aquí espera mi universo circular, impenetrable y silencioso, que soples tu hechizo sobre él como cada noche. Acercarás tu espacio al mío y vestirás la magia de ingenio. 
            Así penetras en mi círculo, enredando las palabras en mi pelo y dejándolas caer por mi espalda. Un susurro sin voz que despierta mi mente inquieta, ávida de respuestas. Presiento tu vértigo atado al mío. No mires abajo.  Solo una promesa cuando logres cruzar a este lado. Dime que detendrás el tiempo para mí, que hallaremos un refugio donde dormir el miedo y despertar los sueños.
En esta pausa infinita besaré tu boca invisible, y tú acariciarás unas manos imaginadas tras las palabras que escribo. Por la grieta que abrió el destino, caerán uno a uno los prejuicios y me haré tangible a tu deseo. Así me contemplarás, desnuda de ataduras y con las alas desplegadas. Entonces, por primera vez, escucharé tu voz. 


viernes, 31 de mayo de 2013

Ángel de la Guarda


El falso éxtasis volvió gris la sangre de mis venas; calenté mis entrañas en las puertas del infierno, y vendí mi alma negra al hambriento Lucifer.
Dime cómo lo hiciste. Cómo, con un simple batir de alas, me trajiste de nuevo a la superficie.

martes, 28 de mayo de 2013

Papaver somniferum


Desprendió con suavidad el tierno cáliz, dejando desnudos sus pétalos. Cuando cedió a la presión de su cuerpo, la flor murió y descubrió su droga.


lunes, 27 de mayo de 2013

Cuando olvidas


—No sé —murmura Manuela, compungida. Entonces se da media vuelta y camina despacio en dirección a su cuarto, preguntándose por qué mamá siempre se enfada con ella cuando se pierde algo en casa. 
Sentada delante del tocador, abre el cajón y descubre que las pastillitas azules están allí. Ahora mamá se pondrá muy contenta cuando sepa que las ha encontrado.
Al levantar los ojos, el espejo le devuelve la imagen de una anciana de pelo cano, que no reconoce. Un llanto infantil contrae su frágil cuerpo.


domingo, 26 de mayo de 2013

El pozo de los deseos


El único lugar pintoresco del pueblo era una plazoleta con un pozo en el centro. Un día, el alcalde mandó ponerle un nombre. Entonces, visitantes e ilusos dejaban caer monedas cargadas de sueños. Aquel fue el primer año que el edil se fue al Caribe.


Dulce tentación


        La debilidad de los ángeles quedó al descubierto cuando Dios les concedió un día de mortalidad. Uno tras otro fueron ardiendo en las llamas del infierno. 


viernes, 17 de mayo de 2013

Medidas desesperadas


Metió un cartucho de dinamita dentro del libro, y encendió la mecha. Tras la explosión, las letras cayeron, unas sobre otras, formando nuevas palabras. La inspiración llegaría. Por las buenas o por las malas. 


domingo, 14 de abril de 2013

El hechizo


He recorrido océanos de tiempo para encontrarte. Me despojé de mi inmortalidad para adentrarme en tu mundo, y no me reconociste. Yo te presentí, como se respira la tierra húmeda antes de que llegue la lluvia. Fue  un hechizo de luna el que cruzó nuestras palabras y atrapó tu mirada.
Al fin alzaste los ojos y me encontraste  esperando tu voz, tu sonrisa... Y respondiste embrujado, demandando deseos jamás imaginados de aventura, vértigos y placer. Así me hallaste, tramposa y bruja, reclamando afectos en tu ciega necesidad y yo, ignorante de la naturaleza humana, vencida a los reclamos de la piel y los sueños. Eras tú entregado. Anestesiado de conjuros. Pero eras mío.
Maldigo el instante en que fui tentada por la humanidad  de mis ojos y de mis manos, que aprendieron a adorarte. Te creí libre para sujetar tu vida a la mía sin más armas que el corazón encendido. Pero al final del día, evaporado el veneno,  tus ojos ya no me vieron y me devolviste a las sombras del olvido.
Inspirada en la frase de El Cuentacuentos: "He recorrido océanos de tiempo para encontrarte."




domingo, 24 de febrero de 2013

Conectados



Al fin pude encajar las piezas de una historia que quedará incompleta. Tengo todas las respuestas y una horrible punzada de  dolor me atraviesa el estómago. Puedo sentir el latido de mi propio corazón, la respiración profunda que acompaña mi cuerpo cuando pienso en él. He abierto la ventana de par en par, y las gotas de lluvia han entrado con furia dentro de la habitación, empapándome la cara. Necesito que el agua despierte al fin mis pensamientos y me muestre la realidad tal y como es.
La mañana es gris, desangelada, y llueve a cántaros. Casi es como mirar dentro de mí. Ahora sé que solo había sido un juego del destino. Pensé que los sentimientos se abrirían paso en la distancia y lo traerían  hasta mí. Olvidé que siempre estuvo lejos, que mis palabras no lo alcanzaron. Ya jamás le entregaré aquel beso que soñábamos a escondidas del mundo, porque la vida ya ha jugado sus cartas.
Él se quedará en casa, protegido de tentaciones y de sueños imposibles. A estas alturas, es probable que ya me haya borrado de su memoria. No. No puede haberlo hecho. Una vez me dijo que me amaba... Las lágrimas me queman la cara, como chispas furiosas que evitan ser apagadas con el agua. Todo se para en este instante. De nuevo este extraño silencio…
Él espera paciente.  El mundo es transparente y limpio bajo un cielo de cristal, como la lente del objetivo de su cámara. Escucha el crujido de la nieve bajo sus pies, el chasquido de una rama al quebrarse. Después, la mañana se hace estática y muda. Sabe que  la foto buscada no llegará. El frío ha detenido la vida, y los árboles apenas respiran bajo el peso de la nieve.       Permanece inmóvil, sus pensamientos están lejos y, cuando intenta hacerlos regresar, no vuelven solos; la traen a ella. El pulso se acelera y calienta sus venas hasta hacer arder su piel. La ha perdido, y su ausencia le ha dejado a oscuras. Pensó que sería más fácil. Sólo un recuerdo al que volver en sus sueños. Pero ella es real. Puede verla con nitidez frente a él, provocando cada una de sus células. Aprieta los puños intentando alejar el vértigo, pero no puede. Añora su voz y las palabras que llegaban cada día inundándolo todo, atrapando su voluntad. Renunciar a ella había sido lo más sensato, lo más honesto. Unas virtudes que se alejan en dirección opuesta a sus deseos cada día que pasa. Le entregó su verdad y ella la hizo suya, aceptando la distancia a cambio de un beso. Un beso que no llegó porque tuvo miedo. Miedo de amarla...
Ha empezado a nevar. Los copos caen despacio, deshaciéndose sobre su rostro, con una humedad inusualmente cálida, como lágrimas. Su corazón se detiene. De nuevo ese extraño silencio...

Foto: A. Molinero

Inspirada en la frase de El Cuentacuentos: "Al fin pude encajar todas las piezas."

miércoles, 13 de febrero de 2013

El día después


Las especies que sobreviven no son las más fuertes, ni las más rápidas, ni las más inteligentes, sino aquellas que se adaptan mejor al cambio. Eso era lo que se repetía Óscar cuando llegó al final del camino.
Volvió la vista atrás, y descubrió que el trayecto andado era más ancho de lo que recordaba. Durante el tiempo que lo recorrió, se le antojó estrecho y empedrado. Ahora, desde aquella perspectiva,  la seguridad del terreno le resultó tentadora, y deseó volver atrás. Pero sabía  que eso ya no era posible.
Entonces recordó que aún llevaba la mochila en la mano. No. Todo lo que necesitaba estaba ahí dentro. Alzó la vista y encontró un enorme precipicio frente a él, y se sentó en el borde para reflexionar sobre la situación. De nuevo se encontraba en el filo del abismo, y sin saber muy bien qué hacer.
En el fondo no se estaba tan mal.  Al menos podría descansar durante un rato y disfrutar de todas las experiencias que había vivido hasta llegar allí: el sabor del éxito, los problemas superados, el vértigo del primer amor, las tentaciones vencidas, y las que lo hicieron sucumbir. Pensó que tal vez todo aquello había sido suficiente para satisfacer su existencia.
Acomodó la postura dispuesto a permanecer en aquel lugar de manera indefinida y, al dejar caer de sus hombros la pesada mochila, esta resbaló en dirección hacia la nada. Un acto reflejo hizo que un rápido movimiento de sus dedos lograra frenar el descenso.
 Óscar sintió que el corazón le golpeaba con fuerza en el pecho. Pensar en la pérdida de aquella posesión alejó de un plumazo toda aquella pereza. La abrió con rapidez para asegurarse de que todo estaba en orden. No había duda, el Tiempo permanecía intacto en su interior.
Aquello era una señal sin duda. Si no aligeraba la carga, terminaría perdiendo todo su Tiempo. Metió la mano en el interior de la bolsa y sacó un puñado de arena blanca, lo sopesó y calculó que le daría un nuevo margen; un año tal vez. Sopló con fuerza sobre la palma de su mano, y un sendero sinuoso y árido apareció frente a él.
Sí, un año sería suficiente. Se puso en marcha y, a medida que avanzaba, iba notando cómo las nuevas ideas que proyectaba sobre su futuro aligeraban el peso sobre sus hombros y ensanchaban el camino. Mientras iba dejando los minutos en las huellas de sus pies, no dejaba de pensar que los cambios, en el fondo, no eran tan malos.

Inspirada en la frase de El Cuentacuentos: "Las especies que sobreviven no son las más fuertes, ni las  más rápidas, ni […]",  de Charles Robert  Darwin.