Se desliza el alma en la húmeda espesura, en el juego del tiempo muerto y la mente esquiva. Entra en este jardín secreto, de caminos y veredas dormidas. Este es el lugar donde trepan los sueños y se enredan los silencios de madreselvas y orquídeas. Ven al jardín de las mil palabras y la lengua muda; en su fresca penumbra te espero, sueño y vivo.
miércoles, 14 de mayo de 2014
La zancadilla
lunes, 12 de mayo de 2014
Terrores nocturnos
Después de varias citas en las que me hice la difícil, y cuando
ambos demandábamos ya pasar un buen rato juntos, decidimos que sería buena idea
ir a meternos mano al coche, en algún lugar un poco más apartado. Ese era el
inconveniente de tener veinte años, y ninguna posibilidad de disponer de casa
propia. Me llevó a un parque periurbano en las afueras, bastante
solitario.
Aparcados en un recodo del camino, bajo una encina, iniciamos un
ritual de besos, camuflados por una noche sin luna. Él era un adonis; me volvía
loca. En pleno ardor de la batalla, hizo una pausa para pedirme unos minutos.
—No te preocupes —dijo—, volveré enseguida. Por alguna razón, el
silencio y la oscuridad hacen que el tiempo transcurra con exasperante
lentitud. Hacía apenas un instante que lo había oído trastear en el maletero;
después de aquello no pude distinguir ningún sonido, absolutamente nada.
Fue entonces cuando mi mente empezó a ponerse a la defensiva,
dejando que mis pensamientos se llenaran de malos presagios. Lo imaginé
golpeado por algún extraño, y tirado en el suelo; al momento sospeché que sería
él mi atacante, después de salir a coger un arma, y que estaría en algún lugar,
preparado para saltar sobre mí. Al fin y al cabo, no lo conocía tanto.
Instintivamente eché el pestillo. Necesitaba encender las
luces del coche, iluminar de alguna manera lo que había en el exterior, aunque
la visión que encontrara fuera aterradora. Me armé de valor, activé el
contacto, y automáticamente los faros se encendieron.
Y ahí lo encontré. Con los ojos desorbitados por el repentino haz
de luz, y el rostro desencajado. Tenía las manos aferradas al guardabarros
delantero, y el cuerpo en cuclillas; entre sus dientes, un flamante rollo de
papel higiénico. Entonces, solo tuve una certeza: la naturalidad en las
relaciones de pareja está sobrevalorada.
jueves, 8 de mayo de 2014
"Posesiones"
martes, 6 de mayo de 2014
Las consecuencias de crecer
domingo, 4 de mayo de 2014
Discreta ausencia
viernes, 2 de mayo de 2014
Alquimia
miércoles, 23 de abril de 2014
Gastronomía popular
martes, 22 de abril de 2014
Definitivamente, Dios no es mujer
jueves, 20 de febrero de 2014
Maquinando
martes, 18 de febrero de 2014
El burro y la piedra
lunes, 17 de febrero de 2014
Consecución de objetivos
martes, 11 de febrero de 2014
La vida en prosa
lunes, 10 de febrero de 2014
Obras son amores
domingo, 9 de febrero de 2014
Identidades
sábado, 8 de febrero de 2014
Jaque mate al rey blanco
La reina blanca pasó muchos años intentando alejar al monarca de una insinuante torre que acosaba sin cesar a su objetivo. Cansada de realizar siempre el trabajo duro, decidió que ya estaba harta.
martes, 4 de febrero de 2014
Inmisericors mundus
domingo, 19 de enero de 2014
Juani, «la macedonia»
En el pueblo todos los hombres tenían un mote, según el cultivo
que explotaban. Antonio «el perita», Juanjo «el banana», Miguel «el
pomelo»...
También las mujeres tenían su apodo.
Algunas se lo ganaban a pulso.
sábado, 18 de enero de 2014
Fauna urbana
viernes, 17 de enero de 2014
Apocalipsis versus Génesis
miércoles, 15 de enero de 2014
Reloj de sol
Cada atardecer, la estatua del soldado la observaba leer en el jardín. Durante unos minutos proyectaba su sombra para acariciarla. Se deslizaba por su cuerpo, despacio; después el tiempo se la arrebataba de nuevo. Nadie percibió nunca cómo caían sus lágrimas pétreas los días nublados.



