miércoles, 15 de enero de 2014

Reloj de sol


         Cada atardecer, la estatua del soldado la observaba leer en el jardín. Durante unos minutos proyectaba su sombra para acariciarla. Se deslizaba por su cuerpo, despacio;  después el tiempo se la arrebataba de nuevo. Nadie percibió nunca cómo caían sus lágrimas pétreas los días nublados.



1 comentario:

  1. María, este microrrelato yo diría que ya lo leí y me ha gustado tanto como la primera vez. Y es que conjugar sombras, estatua, relojes, amor, deseo... en un mismo texto y salir tan bien parada no es tarea sencilla. ¡Enhorabuena!

    Abrazos.

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