lunes, 12 de mayo de 2014

Terrores nocturnos









Después de varias citas en las que me hice la difícil, y cuando ambos demandábamos ya pasar un buen rato juntos, decidimos que sería buena idea ir a meternos mano al coche, en algún lugar un poco más apartado. Ese era el inconveniente de tener veinte años, y ninguna posibilidad de disponer de casa propia.  Me llevó a un parque periurbano en las afueras, bastante solitario.
Aparcados en un recodo del camino, bajo una encina, iniciamos un ritual de besos, camuflados por una noche sin luna. Él era un adonis; me volvía loca. En pleno ardor de la batalla, hizo una pausa para pedirme unos minutos.
     —No te preocupes —dijo—, volveré enseguida. Por alguna razón, el silencio y la oscuridad hacen que el tiempo transcurra con exasperante lentitud. Hacía apenas un instante que lo había oído trastear en el maletero; después de aquello no pude distinguir ningún sonido, absolutamente nada.
Fue entonces cuando mi mente empezó a ponerse a la defensiva, dejando que mis pensamientos se llenaran de malos presagios.  Lo imaginé golpeado por algún extraño, y tirado en el suelo; al momento sospeché que sería él mi atacante, después de salir a coger un arma, y que estaría en algún lugar, preparado para saltar sobre mí. Al fin y al cabo no lo conocía tanto.
Instintivamente eché el pestillo.  Necesitaba encender las luces del coche, iluminar de alguna manera lo que había en el exterior, aunque la visión que encontrara fuera aterradora. Me armé de valor, activé el contacto,  y automáticamente los faros se encendieron.
Y ahí lo encontré. Con los ojos desorbitados por el repentino haz de luz, y el rostro desencajado. Tenía las manos aferradas al guardabarros delantero, y el cuerpo en cuclillas; entre sus dientes, un flamante rollo de papel higiénico. Entonces, solo tuve una certeza: la naturalidad en las relaciones de pareja está sobrevalorada. 

1 comentario:

  1. María, qué mezcla de tramas para acabar extrayendote una sonrisa. Ese final, aunque espeluznante y algo escatológico, es antológico.

    Buen sentido del humor, con una sorpresa final muy conseguida.

    Saludos.


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