miércoles, 5 de mayo de 2010

La Tentación Tentada (II)


Apaga la luz.
En la oscuridad tramposa
buscaremos a tientas
cómo iluminarnos la sonrisa.
De vértigos y vino llenaremos
lo imposible y, al calor desprendido,
ven, Tentación, 
al calor desprendido
encontraré tus giros.
Ingenuo deseo que no sabe
adivinar peligros.
La piel sin armas, perdido el miedo,
mi boca en tu boca…
¡que arda el fuego!
Vendida el alma,
la mesura desprendida,
y escondida bajo la ropa
la calidez de la desnudez vencida.
Mis manos, tu aliento,
 dos cuerpos… y un tempo.
Noche púrpura de antiguos anhelos; 
todos hallados al fin en el centro 
de tu luz, de tu olor, de mis sueños.
No hay lugar, no hay segundos,
solo el murmullo agitado
del tiempo estremecido
al pasar por tus labios.
El poder absoluto.
El escalofrío helado
del calor acumulado 
quiebra tu espalda
y encoge mi vientre, 
donde duermen las caricias
del placer, sus duendes.
Soy tú; la Tentación tentada,
en ávida impaciencia tornada. 
Templado el corazón,
callada el alba,
nudo de brazos y pies,
atmósfera embrujada.
Deslizando mi sueño en tus rincones,
buscaré tus secretos dormidos.
Amanece en la curvada
línea de mi ombligo.

La Tentación Tentada (I)


Henchida el alma y desplegadas las velas
en el dulce naufragio de tus ojos. 
Perdida la vista en el ir y venir de tus olas; 
rompiendo en mis minutos callados
tus palabras, tu sonrisa, tu mirada.
Suave y tibio aliento del deseo contenido, 
del susurro invisible, del anhelo sordo.
Tú paseando al borde mismo
del mismo abismo. 
Yo, prendida al tenue roce de tu piel
prendida en llamas.
Vuelve a mirarme, Tentación,
que esconderé la intención maliciosa
buscando dónde ocultar mi sombra.
Despierta la sangre, dormidos los testigos.
Se quiebran las ansias
de este placer sumergido,
en tu penumbra, en mi deseo,
en los instintos.
Enmudecen las frases
y se agitan las esencias. 
Vuelve a mirarme, Tentación,
tú lo sabes y yo lo adivino.
Acércate un poco más.
Sedienta la piel y anclada a puerto
en la imposible línea de tus labios.
Vencida la postura
en el cálido hueco de tus manos;
trepando en mis secretos grises
tus preguntas, tu tristeza, tu misterio.
La Tentación tentada,
haciendo curva la línea de mi cuello.
Mi caricia malvada,
volviendo recta la curva de tu ingenio.
¿Quieres jugar?. 
Juguemos.