viernes, 24 de junio de 2016

Conjuro



Yo invoco al primer rayo de luna, en la límpida luz de esta larga noche, para que selle la piel dolida de tanta ausencia, de negaciones y de sombras.
Que la madre tierra desmadeje sus raíces, y suture con puntadas de eternidad mis comisuras.
No más besos que agrieten las heridas, no más amor de mis labios vertido; solo nudos de una boca estéril de ternura.
Clamo al hechizo de este instante, en el claroscuro del deseo, para que borre la nostalgia de tu calor en mi cuerpo, las huellas de un abrazo hambriento, tu sonrisa robada.
Que el océano desborde las orillas, y ahogue las emociones en el fondo, arrastradas por recuerdos imposibles.
No más lágrimas de sal caliente, no más inmersiones en mares ajenos; solo el murmullo imperturbable de tu silencio.
Imploro a la magia del solsticio, en la intimidad secreta de nuestro abismo, para que duerma mis manos huérfanas de caricias, y borre las promesas dibujadas en la yema de mis dedos.
Que el viento del estío sople sin piedad nuestros sueños y abra surcos en las dunas de un reloj de arena.
No más tiempo sin camino, no más aliento al alma helada; solo un puente de presente y astillas.
Y, cuando al amanecer el fuego haya hecho de mi ser cenizas, que me consuma el abandono de tu nombre para poder, al fin, olvidar el mío.
Sea.

viernes, 17 de junio de 2016

A este lado

         


El proyecto de muro, dibujado en mi mente, se alza en una hilera de piedra negra. Y una verdad, aún más oscura, arrastra el alma hasta el otro lado.
Es mi sombra la que cruza los resquicios, no soy yo. Ya no.
La pared se eleva por encima de mi propia fe, embebida en esta mezcla de barro y lágrimas.
Es el silencio de la oscuridad, del hambre de amor, del ayuno de esperanza.
Recuerdos fundidos en plomo, engastados como parches en la roca. La misma que me aplasta el corazón, perdido en algún punto de esta frontera. El cruel peso que ha matado las mariposas, una tras otra.
No ves el funeral de mi cuerpo porque ya no puedes escalar tan alto.
El vacío que me consume devora el latido, muerde mis entrañas, y me machaca los pies.
Ya no camino. Me detuve hace días en el vórtice de este huracán de tiempo; el que arrancó de cuajo las agujas de nuestro reloj.
Y de nuevo toca sangrar por mis alas desgarradas, y dejar volar a cielos ajenos los sueños que no quisimos.