sábado, 22 de abril de 2017

Infierno musical




El primer violín de la Sinfónica no es el mismo desde que tensó su arco sobre una diosa de viento. Ahora, los acordes se tambalean por el alma de su instrumento para detenerse, como temblorosas pompas de jabón, sobre la piel de la flauta travesera. Su espíritu vibra en una fuga justo cuando ella, descarada criatura, le sonríe maliciosa. Pero es ese condenado tatuaje descendiendo por su hombro desnudo el que provoca el crescendo de sus notas y hace saltar chispas sobre las cuerdas.
Ya es la quinta partitura medio quemada de esta semana.
La próxima vez, prenderá en llamas.

1 comentario:

  1. Las cuerdas tensas se cobran su tributo al frotarlas. Y todo por un suspiro a lo largo del tubito...

    ResponderEliminar