martes, 7 de febrero de 2012

Falsas señales.

     

      El globo rojo trataba de esquivar aquella multitud sobre la acera. Finalmente consiguió doblar la primera esquina y, tras él, en una inesperada carrera multicolor, le fueron siguiendo tres globos azules, dos naranjas, otro morado... Elena estaba sentada en uno de los bancos de la plaza, en la parte trasera de la catedral, y observaba sorprendida cómo aquel colorido grupo ascendía vertiginosamente en dirección al cielo. Pensó que tal vez aquello era una señal. El preámbulo de un día emocionante y feliz. No importaba si él llegaba algo tarde a la cita. Estaba segura de que aparecería.
Martín y ella tenían muchas cosas de las que hablar. Millones de palabras que habían mantenido en silencio durante los últimos dos años. Dos años compartiendo horas de oficina, proyectos interminables e infinitos cafés. Demasiado lejos de la vida real. Al menos eso pensaba ella. Hasta el día anterior. Aún no entendía cómo no se había dado cuenta de que en aquellas pequeñas confidencias, diluidas en la rutina del trabajo, había entregado algo más que su tiempo. Tal vez ese viernes la reunión estaba condenada a ser un desastre, y el agotamiento, al final del día, la arrastró hasta su sonrisa reconfortante. No había previsto, en el escaso margen de un cruce de miradas y un viaje en ascensor, que acabaría derritiéndose en su boca antes de llegar a la puerta de salida. Por eso estaba allí, a escasas horas de aquel beso, esperando que él apareciera.
      —Una cita de verdad en un contexto diferente —le había susurrado al despedirse.
      Pero ahora Elena dudaba de que él la hubiera oído. Miró el reloj para comprobar la hora. El retraso había devorado el tiempo cortés de espera, y empezaba a tragarse una a una las expectativas de la chica. Lo conocía lo bastante bien como para aceptar tamaña impuntualidad como una opción posible. Volvió a mirar hacia el azul de aquella soleada mañana, y observó que ya no quedaba ni rastro de aquellos falsos mensajeros de colores. Pensó que se habían evaporado, al igual que sus ilusiones. Entendió que aquel era el momento de regresar a casa.

      Mientras cruzaba la plaza, ensimismada en su propia decepción, no llegó a percatarse de la multitud que seguía arremolinada una calle más abajo. Tal vez, si lo hubiera hecho, hubiera podido descubrir a Martín, malherido y aún en el suelo junto a su moto, maldiciendo a aquel vendedor de globos que se había cruzado en su camino.

De la frase de El Cuentacuentos: "El globo rojo trataba de esquivar aquella multitud sobre la acera".

12 comentarios:

  1. Vaya, tanto tiempo esperando ese momento para que no pueda pasar. Pero él se recuperará, se lo explicará y volverán a ese banco. Es así como tiene que ser.
    :)

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  2. Tú y tus giros XD ¡¡me encanta, me encanta!! Lo que da de sí un globo... Yo al final no me inspiré ayer, así que esta mañana me he sentado frente a una foto para inspirarme, me negaba a rendirme.
    Sigo con el tour.
    Besitos.

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  3. Ese tiempo, tan pequeño como eterno, por el que transcurren los temores, las dudas, los motivos y los porqués, creando una ecuación que justifique la decisión tomada. Ese tiempo que la observa en el banco y poco a poco va apoderándose de ella, está bellamente expresado María.
    Esos muros invisibles que nos crean laberintos sin percatarnos de que la solución puede estar a escasa distancia.
    Un abrazo!

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    1. ¡qué final tan triste! Y que pena que ella nunca llegue a saber la verdad...

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  4. Bueno.... creo que el lunes tendrá que volver a ir a trabajar jajaja..... No había contemplado la renuncia laboral tal y como están las cosas...

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  5. Pues viendo como está la justicia mejor que no llegue al juzgado el accidente, seguro que el paro les alcanza antes que haya sentencia :)
    Pero volverán a encontrarse, sería cruel que no sucediera.

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  6. 0.o por queeeeee????? esa historia estaba destinada a tner un final feliz y super empalagoso en un besazo!!! que cambio de rumbo al final!! ains, si es que a veces las coincidencias se cruzan en nuestro camino, ¿destino? cada uno lo llama como quiere, bessos!

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  7. Terminara bien. Seguro. El se recuperara y se volverán a encontrar y seguir donde lo dejaron.

    Un abrazo.

    www.utopiadesueños.com.es

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  8. A veces hay una explicación lo suficientemente importante como para perdonar un plantón como ese. Lástima que realmente sea en un porcentaje tan ínfimo.

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  9. No me esperaba este final :( Es muy triste pero, me ha gustado mucho tu historia :)

    Saluditos.

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  10. Por cierto, encantada de conocer tu espacio. Me gusta como queda tu nick también, María Sur :)

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  11. Cuando se entere del accidente sabrá que no pasó de ir, sino que no pudo llegar... Entonces las cosas serán diferentes.

    Besines de todos los sabores y abrazos de todos los colores.

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