lunes, 30 de marzo de 2015

Volver a empezar


Incrédula, Sofía volvió a mirar el baúl que se había quedado completamente vacío. Permaneció sentada junto a él, acariciando su contorno y dejándose envolver por el noble aroma de su madera, mezcla de incienso y otoño. Asomó los ojos por encima de sus bordes para comprobar, por enésima vez, que todos los tesoros que había contenido hasta ese momento habían desaparecido.
Ernesto la había invitado a levantar sin miedo la tapa para que el aire fresco penetrara en su interior y entrara, por fin, un poco de luz. No sospechó que todo el Amor, que libremente se dejó guardar, necesitara coger perspectiva y evaluar los daños. Segura de sí misma, lo dejó hacer y se olvidó de él toda una semana.
El lunes, las Palabras de ternura escaparon volando. Eran tantas las que se habían acumulado y que jamás volvieron a usarse, que se sentían incómodas y atenazadas allí dentro y, en cuanto notaron que su espacio crecía, vieron el cielo abierto.
El martes, la Necesidad empezó a menguar sin previo aviso, y se hizo tan pequeña que se coló por el hueco de la cerradura.
El miércoles, la Pasión, que había permanecido dormida hasta entonces porque nadie la rozaba, sintió la luz del sol y salió a buscar la calidez de sus rayos.
El jueves, el Deseo escuchó su propio eco fuera de aquel escondite, y la curiosidad hizo que saliera a explorar. Ya no encontró el camino de regreso.
El viernes, la Ilusión halló tanto espacio que comenzó a inflarse con las expectativas, y se elevó como un globo a toda velocidad en dirección a las nubes.
El sábado, la Felicidad se sintió muy sola porque todos la habían abandonado, y se convirtió en una sombra de lo que era, deslizándose entre las bisagras.
Al llegar el domingo, Sofía regresó para cerrar el baúl y dejar a buen recaudo sus bienes más valiosos. Fue cuando descubrió consternada que ya no quedaba nada.
Entonces las lágrimas empezaron a brotar en un sollozo incontrolado, y se sintió desfallecer. Por primera vez, se dio cuenta de que debió haber estado vigilante y atenta a la demanda de todas las emociones que le habían sido entregadas.
Y cuando su alma, herida de muerte, estaba a punto de rendirse al desamor, escuchó la voz de su corazón. Le decía que Ernesto no la había olvidado. En un rincón de aquel arcón había dejado un beso para ella. Lo cogió con cuidado, se lo llevó a los labios y, después, se quedó dormida esperando su regreso. Aún había Esperanza.

Publicado en el libro “La Pluma del Guirre”, editado por la Asociación Cultural Alcorac 1968, de Telde (Gran Canaria).

1 comentario:

  1. María, un relato con imágenes poéticas, en el que el amor y sus elementos cobran vida propia, aunque sea para marcharse. Ese detalle me ha encantado. También, ese baúl mágico y lo que escondía en él, junto al final de esperanza.

    Un buen relato.

    Abrazos.

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